Sábado 1 de Ago de 2026
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Calle California: El viejo centrito

Alejandro Mungarro Daniels
Sábado 1 de Agosto de 2026
 

Hay quienes dicen que todo tiempo pasado fue mejor. 

Antaño, Ciudad Obregón prometía ser más próspera. Hasta la describían así: frijol y garbanzo le diste a Obregón. Ya no se puede decir eso.

Algo le pasó a Cajeme, pudiera ser responsabilidad tanto de sus de sus gobernantes, o también de sus gobernados.

Antaño es hablar de cinco o seis décadas de ayer, cuando la ciudad quizá era la cuarta parte de lo que es hoy. Cuando el cantante, soldado del18 regimiento de caballería, Lino Luján, de un plumazo mencionaba a la ciudad: Cortinas, La Ladrillera, Hidalgo y Constitución, me voy hasta Plano Oriente…

En los albores de los sesenta y principios de los setentas, el Cajeme pujante, recibía a gente de donde fuera, de donde viniera, tal como tiene que ser de una ciudad con menos de medio siglo de edad.

El Valle daba para todos; para ricos y para pobres.

Decían entonces que en Cajeme hasta el más chico ganaba su tostón. No mentían.

Al valle cargado de trigo, maíz, garbanzo, frijol, cártamo; dieron entonces por llamarle el Granero de México.

Entonces el comercio, en su mayor parte, lo realizaban personas oriundas de aquí, los comerciantes en su mayor parte eran nativos, el capital, las utilidades eran locales, todo era local.

El Cajeme próspero, el Obregón próspero de aquellos tiempos.

Los dos centros comerciales de aquel entonces: El centro de la ciudad, con su mercado grande, rodeado de comercios, sus dueños unos nativos, otros que llegaron del sur del país, del norte, unos más de aquel lado del mar, arrastrados o expulsados por una revolución, otros por la gran guerra. Todos ellos quisieron a esta tierra como si aquí los hubieran parido. El Centro grande.

El otro centro, el centro chico, el centrito. La calle California, la Cumuripa.

La vieja Central Camionera, entre las colonias Hidalgo y Cumuripa, a la que llegaban de cualquiera de los campos agrícolas, o de todos los campos del Valle del Yaqui, de la sierra, semejante a un abrevadero.

Tenían que venir de todos lados del Valle al mandado, a surtir sus provisiones, de vestido y sustento.

La calle California de aquellos tiempos. Del tramo de la calle 200 a la No Reelección. Llena de vida, un emporio comercial: Cines, comercio de muebles, línea blanca, ropa nueva y vieja, de dama y caballero, talabarterías, catres de tela de jarcia y de lona, sillas de montar, frenos, espuelas, piolas, chavindas, zapatos, botas vaqueras, botas de hule para el riego, alcohol que sirve para curar, tequila para alegrar, cuadernos para los chamacos, radios de pilas y pilas para radios, farmacias, ferreterías, y un sinfín de cosas, unas gentes compraban y otras vendían, esto hacía a la calle California un emporio.

“Esa camisa es de la cali gali”, decían, cuando alguien pretendía hacer creer que estrenaba una prenda y en realidad era camisa de segunda.

Pero los tiempos traen otros tiempos y puede que para algunos esos tiempos nuevos que arrastra el tiempo viejo no sean mejores. El gobierno de Faustino Félix Serna creó una nueva Central Camionera, moderna; quizá eso fue el principio del fin. Le quitó vida, mermó el comercio.

Después vendrían más cosas, la llegada de los años ochentas y con ellos dirían los de la “izquierda morenista”, el neoliberal gobierno de Miguel de la Madrid y luego el Salinas de Gortari, la restricción de créditos bancarios; los ejidatarios venden o rentan sus parcelas, no hay movimiento en los bancos, los comercios se cierran, se cierran los cines, luego los bancos, después las construcciones quedan en el abandono, luego se vuelven escombros.

Y la calle California hoy luce fea, así como una muchacha desaliñada, desarreglada, como cuando anda atravesando por un periodo largo de depresión, de soledad.

Puede que el llamado Mercadito Unión sea lo único que le dé vida, pero no como lo hacía en aquellos años viejos. Baste tan solo recordar que ese centro comercial daba vida a más de cuatro instituciones bancarias, implícito esto, esas instituciones empleaban a centenas de empleados. Eso ya no existe.

Deprimente es que el antiguo y próspero centro comercial, sea hoy en día un corredor de edificios abandonados, otros en ruinas. Ni qué recordar de los viejos cines California y Pitic. 

La calle California se asemeja al viejo que se muere, del que habla José Feliciano, en la canción: Pueblo mío que estás en la colina, tendido como un viejo que se muere, la pena el abandono son tu triste compañía, pueblo mío te dejo sin alegría.  

Dos o tres comercios de firmas nacionales que solo sangran la economía de la región, quizá sea los que no la han dejado morir.

El Mercadito Unión lucha como veterano soldado, en medio de vientos y tempestades. No morir es la consigna.

De la calle California hay viejas historias, una de ellas la de una persona que combatió las siete plagas, el tiempo disfrazado de ellas solo en varios intentos logró doblegarlo. Un referente del viejo centrito: Evodio.

Dicen las lenguas malas que el Evodio ahí está toda vía, desparramando a cada día en lo que queda del viejo centro comercial, “El Centrito de la California”, el olor del menudo.

Si no me crees es cuestión tuya. 

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