Las frases que escuchamos cuando perdemos un ser amado suelen ser tan ajenas, incluso parecieran una burla o discurso de resignación obligada enmascaradas de piedad, cuando lo que realmente sucede es que las personas no sabemos enfrentar el dolor ajeno. Cuando vemos a alguien llorar nuestro primer impulso es decirle “no llores” “no pasa nada” “resignación”, etc. O frases mas elaboradas como: “Dios necesitaba un ángel” “Llorar no lo deja descansar” “Se lo que sientes” “no te agobies el esta bien descansando en el cielo”, etc.
Cabe aclarar que no es mala intención sino ignorancia de como afrontar el dolor propio y ajeno, vivimos en una sociedad tanatofóbica en la que no sabemos y nadie nos enseña a como afrontar, tolerar y/o manejar las pérdidas, y por consiguiente las emociones que se manifiestan, no entendemos las ausencias de un ser amado, las razones, se bloquea toda lógica, incluso nuestro sistema de creencias.
Duele que la persona que amo no esté conmigo, no me abrace, no sienta su calor, su mirada, su olor, sus palabras, su presencia. El entender que el que no está presente pone en desequilibrio total la vida de quien se queda a enfrentarla sin ese ser primordial, que no importa cuanto nos preparemos, ni que sepamos que en algún momento a todos nos llegará la muerte… De igual forma impacta y quiebra a quienes sienten la pérdida.
Por eso el reto no es volver a tener la vida que tenias antes, no va a pasar, no funciona así. No es olvidar, no es inducir una amnesia …. El atravesar el duelo es aprender a vivir con un dolor sostenible, reajustar tu vida a pesar del dolor, reinstalar dentro de ti mismo a ese ser querido que ya no te acompaña físicamente, darles una presencia interna evitando la forma de la culpa, y formando un recuerdo bonito aunque la melancolía se asome de vez en cuando.
No todos los duelos requieren atención de un tanatólogo, solo aquellos que se consideran como patológicos, estos son cuando la persona se ve superada por la pérdida, existe un desequilibrio físico y psíquico, no se ve avances en el proceso de duelo habiendo una ausencia parcial o total de respuesta ante la pérdida, un estado de shock permanente en donde no hay reconocimiento de la situación.
Otro síntoma de duelo patológico es el dolor intenso prolongado sin que éste se vea que tenga cambios. También los sentimientos de culpa continua y sin evolución, idealización del fallecido mantenido durante el paso del tiempo, entre otros.
El duelo solo puede ser superado cuando atravesamos por él, el dolor es normal hasta que nos hace dejar de funcionar de manera constante a través del tiempo. Es importante siempre buscar ayuda si es necesario para poder atravesar esta situación que sabemos que existe, que de alguna forma nos pasará pero aun así, no nos preparamos para vivirlo…
“El reto del duelo es atravesarlo, vivirlo y aprender a vivir de una forma diferente: sin la presencia física de quien amas”.
LPS. Mónica Valencia Mascareño
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