La actividad cultural del sexenio que está por concluir no es para caer rendidos de admiración por el gobernador Durazo. Tal vez uno o dos de la lista de chayoteros se ofrecerán para elogiarla. Por lo pronto se hacen esfuerzos para remendar lo que anda roto. El año pasado no tuvimos la anual Feria del Libro y se avisó que este fin de año la habrá. No tuvimos “Un desierto para la danza” el pasado abril, y esta semana concluye, en modesta compensación, un Concurso de Coreografía. No asistí a las funciones porque no puedo ya moverme por mi propio pie y nadie me invitó porque el compromiso de llevarme y traerme a casa sin duda es, lo reconozco, una lata. Me enteré de que al levantar en peso a una bailarina, Manuel Ballesteros se lesionó; hago votos porque no haya sido lesión grave.
A este gobierno todavía le queda, para 2027, un festival del desierto y, desde luego, el Festival Ortiz Tirado, con iniciación en enero.
En materia de Literatura supongo que en próximos meses presentarán los libros que ganaron el Concurso del Libro Sonorense en 2025. Y pongo en tela de duda, pero me alegraría si me equivoco, que alcancen a imprimir los ganadores de 2026, la convocatoria ya se lanzó. Únicamente dos directores del ISC han logrado publicar todos los libros de los concursos que les tocó: Fernando Tapia Grijalva, y el otro nombre no lo digo para que no descubran que soy vanidoso.
El gobernador Durazo inventó el concurso de historia Dr. Samuel Ocaña García, cuyo último dictamen está pendiente; nació con un serio error: el no incluir en el premio la publicación en libro de los trabajos ganadores, porque no se puede considerar como publicación que sirva a la gente el anuncio de que se ponga a buscar el texto que quiera en una dirección electrónica en que se habrá digitalizado.
Por lo que toca a otras áreas de la cultura: teatro, música, artes plásticas, museos, diría que se desarrollaron con normalidad, aunque queda tiempo para mejorar.
(¡Y no, no puedo callármelo! Al anunciar el ISC en Facebook la clausura del Concurso de Coreografía, este sábado, informó que la atmósfera de gozo estético no iba a concluir en los comentarios que surgirían a la salida del teatro. Estaba el público en general invitado a continuar la fiesta en la pizzería no sé qué (sí sé pero no le haré propaganda) para degustar esto y devorar aquello. (“y yo que no tengo quién me lleve”, pensé. Pero al mismo tiempo descubrí, en la parte central del anuncio, esta línea con letra chiquita: ENTRADA LIBRE. CONSUMO CON COSTO.
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