Nos sorprendió, nos sacó de onda y nos intriga el triunfo electoral del candidato a gobernador del PRI en Coahuila. ¿Cómo pudo ganar ese partido que es casi cadáver a las vigorosas huestes de MORENA? “Con toda seguridad, dijo mi amigo, debió de haber fraude. Pero el único que pudo haberlo hecho con éxito ya se murió”.
¿Quién?, pregunté. Y mi amigo, que debe pasar sólo dos o tres años de los 30, me contestó: “Carlos Robles, el Calolo, pero del fraude gigantesco que le permitió arribar a la presidencia municipal de Hermosillo hace, creo, 40 años. Yo ni siquiera había nacido. Lo que sé se lo he oído a mi padre”.
Esperé a que encendiera un cigarrillo antes de ubicarlo en la realidad: “El Calolo vive, y está tan vivo que él organizó la campaña de su colega priista. Cuando lo declararon ganador de las elecciones de Hermosillo, en 1988, los panistas no quitaron el dedo del renglón, especialmente Ramón Corral Ávila y René Pavlovich. Cuando el Calolo fue procurador, puso en libertad a un capo de apellido Figueroa, y durante la elección armó un episodio violento en Los Naranjos para que sus compinches pudieran robarse varias urnas con votos en contra.
A los 7 meses de ocupar el cargo solicitó un permiso dizque para estar en libertad de defenderse. Su suerte estaba echada. Hasta un juicio popular le hizo la gente, dirigido por un ciudadano de irreprochables antecedentes: el cajemense Claudio Dabdoub. La Secretaría de Gobernación, aunque en manos de priistas, no pudo cerrar los ojos ante las evidencias, y consignó el caso a un juzgado federal. El Calolo se escapó a Coahuila, tierra de su esposa, y no volvió nunca a Sonora.
Mi amigo se rascaba la cabeza; “caramba, dijo, creí que el fraude lo había hecho el fantasma del Calolo”.
“Vivo o fantasma, repliqué, hay que estar pendiente de que no se lo traigan a Sonora los priistas que quedan. De perlas les caería el asesoramiento de un viejo político doctorado en corrupción”.
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