Los retumbantes truenos que precedieron a la lluvia del lunes me hizo retroceder en el recuerdo de lo que ocurría en mi hogar paterno. En cuanto comenzaban los relámpagos, mis hermanas Chayo y Poly se cubrían sus juveniles cabelleras con una pañoleta para evitar que la electricidad del pelo atrajera los rayos. Pero como también los atraían los espejos tapaban los del ropero y el tocador con toallas y fundas de almohada.
En aquel tiempo la casa comercial más grande eran en Ciudad Obregónlos Almacenes Luders, que vendía ropa de calidad, zapatos y sombreros para toda la familia, y creo también artículos de belleza y regalos en general. Sus escaparates se encontraban sobre media cuadra de la calle No Reelección. De modo que mientras el cielo tronaba y mis hermanas cubrían los espejos, mi papá les decía: “Al terminar aquí, agarran las sábanas de todas las camas y se van a tapar los escaparates de Luders”.
Los varones de la familia nos reíamos a placer, pero hoy comprendo que mis hermanas tenían razón. Nunca les cayó un rayo en sus cabezas ni en los espejos de la casa. Tampoco en los escaparates de Luders.
ES AL MENOS UN CONSUELO
A los derechohabientes del ISSSTESon nos molesta que nos pongan la cita con el especialista dentro de dos meses (si bien nos va) o que de los tres medicamentos de la receta la farmacia sólo nos surta dos, Pero fíjense que en el hospital del ISSSTE federal las cosas están peor.
El gobernador Durazo hizo una visita a ese hospital y le llovieron las quejas de los derechohabientes. Les tuvo que confesar que las autoridades de aquel ISSSTE ya habían firmado con las nuestras un convenio para construir un nuevo hospital y no habían cumplido. Mi memoria periodística me permite recordar que las anomalías no se generaron en este sexenio, vienen de mucho más atrás. Que nos sirva de consuelo asegurar que los servicios del ISSSTESon están mucho mejor.
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