El Club Rotario hizo entrega a la Universidad de Sonora de un cheque por $60 mil pesos destinados, específicamente, a atender problemas de salud no graves de estudiantes. En el primer momento me llamó la atención que se hiciera tan apantalladora publicidad a este donativo, muy de agradecerse, desde luego, pero $60 mil pesos no es una cantidad que le deje a uno con los ojos cuadrados.
La edición de mi libro casi póstumo “Interpreten mi silencio”, que saldrá en agosto con un modesto tiraje de 500 ejemplares, costará un poco más de sesenta “milagros”.
Pero he acabado de comprender que si se formó un verdadero cuadro plástico de hermosas mujeres, al centro la señora Rectora, haciéndole fiestas al cheque, entraña el propósito de que otros clubes de servicio, bancos y casas financieras, ganaderos prósperos, dueños de casinos, ganadores de la Lotería Nacional, etcétera, apoquinen otras cantidades iguales o superiores para ayudar a la recuperación de la Universidad.
No utilizo sin motivo la palabra “recuperación”. El seductor conjunto de las damas universitarias rindiéndole culto al cheque no oculta la realidad de que no nos han informado a los ciudadanos a cuánto asciende la pérdida económica que causaron a la Casa de Estudios los dos paros ilegales (que no huelgas) que las autoridades no supieron resolver.
Con razón a las susodichas autoridades les valió gorro el donativo de colecciones hemerográficas, documentos históricos y técnicos, fotografías y libros que ofrecí y que retiré a tiempo. Habría hecho el ridículo pues lo que necesita nuestra querida Universidad es dinero, billete, parné, mosca, pecunio, lana en efectivo, no bienes culturales.
Estaremos atentos para aplaudir de buena gana a quienes se acerquen de hoy en adelante con su cheque de $60 mil o, de preferencia, más. Y estaremos atentos, claro, a la forma como los fondos así cosechados se manejen.
Carlosomoncada@gmail.com