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Pobre, la biografía de Samuel Ocaña (2)

Carlos MONCADA OCHOA
Miércoles 20 de Mayo de 2026
 

Ignacio Lagarda tuvo la oportunidad de haber escrito una gran biografía del doctor Samuel Ocaña García, porque el personaje es ideal para ello, y la desperdició. Carece de las aptitudes para hacerlo. No analizó los choques del gobernador con el clero, el alcalde panista de Hermosillo y el embajador gringo John Gavin. Le pasó de noche cómo se condujo en el proceso contra Carlos Armando Biébrich, el gobernador más corrupto que ha padecido Sonora, o lo detuvo el temor. En la bibliografía que le sirvió de apoyo no aparece el libro “Henríquez y Cárdenas ¡presentes!”, de Enrique Quiles Ponce, en el que consta la primera participación política del aún estudiante Samuel Ocaña.

Cuando se refiere al gobernador Alejandro Carrillo, hombre que llevó a Ocaña a la candidatura, dice que era “un perfecto desconocido” (pág. 102). Sería desconocido para él. Carrillo había sido diputado federal, diplomático, periodista y promotor de las Olimpiadas Olímpicas de 1968 en varios países del mundo.

No tuvo agallas para entrarle a los puntos flacos del biografiado, por ejemplo, cuando arrió la bandera que tanto presumió de que su sucesor no fuera un guacho que no hubiera sudado los calores de Sonora (pág. 217). Y cuando llegó el candidato guacho, o sea Rodolfo Félix Valdés, fue cómplice de éste en el fraude que le dio un triunfo ilegal. Ese fraude implicó el atropello de los derechos de Adalberto Rosas, “el pelón” que fue el real ganador de la elección de 1985.

Lagarda confiesa que nunca trató a Adalberto, y no obstante, lo califica de “político inestable, con falta de seriedad, prueba de ello es que ahora ni siquiera está en el PAN” (pág. 232) El libro salió en 2025 y es cierto: Adalberto no está en el PAN, está muerto.

Es traición a la memoria de Samuel Ocaña García no salir a defenderlo contra los ataques de José Luis Mejías en la columna “Frentes políticos” de Excelsior, en 1981. Las acusaciones vertidas allí contra Gilberto Ocaña son tremendas. Y es cobardía cerrar los ojos en lo que dejó plasmado el presidente Miguel de la Madrid en su memoria “Cambio de rumbo”. Ahí se lee:

“Ante el temor de un mayor fortalecimiento de Rosas, los priistas locales sentían impostergable arrancar su propia campaña política. En este contexto, al principio consideré que nuestro candidato debía ser una gente domiciliada y conocida en el estado. Sin embargo, se me fue informando que las fuerzas políticas de la entidad estaban muy fraccionadas. En primer lugar, los grupos están delimitados por zonas geográficas. Está el grupo del norte, con cabecera en San Luis Río Colorado, el del centro en Hermosillo y el grupo del sur, en Ciudad Obregón. La realidad confirmó que ninguno de los candidatos de arraigo local tenía el prestigio suficiente para

lograr la unidad del estado.. La verdad es que Sonora está muy bien en el terreno económico pero no en el político… La imposición de Alejandro Carrillo nunca contó con simpatías, como tampoco las tuvo la postulación de Samuel Ocaña, ya que ambos fueron originalmente del PPS. Ello disgustó a la sociedad sonorense que es esencialmente conservadora. Ocaña es un buen gobernador, pero su popularidad se ve afectada por el conflicto abierto que tiene con el arzobispo” (Pág.368).

CARLOSOMONCADA@GMAIL.COM

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