Lo mejor sería decirlo con la frialdad a que obliga el tema. Las modificaciones al calendario escolar no tienen otro motivo ni otra cara que impedir que los maestros y algunos otros grupos opositores al gobierno boicoteen, cuando menos, la inauguración del Mundial de Futbol. Nada más.
Todos lo tienen por cierto y tal vez una parte de la indignación tenga que ver con la idea de que a la gente se le puede tomar el pelo con un discurso falso, pero eso ya no es posible. De lo que se trata es de evitar que la imagen del país se deteriore con un espectáculo que le dará la vuelta al mundo.
Es decir: No trata de resolver el problema que año con año se presenta con las mismas características a partir de la problemática que enfrenta el magisterio, y que si bien se podría haber pervertido, no se ha resuelto. No, eso parece que no está en la agenda de las autoridades educativas, porque sin duda el año que viene, casi pase lo que pase ahora, vendrán a plantarse al Zócalo hasta que se les cumplan algunas de sus demandas.
Y como el escenario del nada va a cambiar será lo que prevalezca, ¿por qué no de una vez se cumple con lo que las secciones del magisterio que quieren boicotear el futbol requieren y se evita que México se convierta en el escándalo del primer día del Mundial?
De igual manera, las escuelas particulares han comunicado a sus alumnos, sin que se haga de manera oficial, que no suspenderán sus clases; como que no escucharon el llamado de la SEP, es decir, cada año un buen número de niños frena su enseñanza por el paro anual de las secciones disidentes del SNTE, pero en las escuelas particulares todo sigue su normalidad y así podría seguir siendo.
En esa idea, lo que se pretende a todas luces es que los maestros no vengan a plantarse en el Zócalo, a cerrar calles y a complicar el tránsito de por sí ya muy afectado. Pero esa idea parece no tener mucho fundamento si se conoce a ese grupo del magisterio que si no se tiene un arreglo, seguramente harán su aparición el próximo día 15, como cada año, desde hace mucho.
Y es que, al parecer, ningún secretario de Educación de los estados de donde salen los maestros en protesta tiene el suficiente poder para alcanzar acuerdos que puedan evitar la movilización anual, así que ningún acuerdo local tendría efecto. Es más, si se llevara a una gran consulta a todo el magisterio la disidencia podría perder, pero eso no tendría el resultado que esperan las autoridades.
Entonces, más que restar clases, cambiar calendarios o cualquier otro movimiento, lo que sí podrían hacer las autoridades es, de una vez, cumplir con las demandas y allanar el conflicto que hoy parece irremediable y que siempre termina de la misma manera: un acuerdo que, en cierto porcentaje, se cumpla con los maestros.
Hoy habrá una nueva reunión de los funcionarios que manejan la educación de casi todo el país, ojalá decidan enfrentar el problema como es y no traten de buscarle otro pie al gato. Más vale cuidar a los niños y hasta a los maestros que a los negocios de la FIFA. ¿O no?