El Estado de Guerrero ha sido siempre uno de los más violentos de la República; en este momento muchos dirán que el más violento, y sería difícil rebatirlos. La conformación orográfica de altas montañas y los pequeños pueblos apartados de las vías de comunicación se prestan al tráfico de drogas y a las contiendas armadas de grupos que se disputan guaridas para ocultarse y mercados para vender drogas.
Lo peor es que las consecuencias más dolorosas las paga la gente que con tal de conservar la vida está abandonando sus pueblos huyendo de los delincuentes, que sin más ni más asumen funciones de gobernantes. Por demás está decir que esa gente es la más pobre de la región.
La situación ha aumentado en estos días a tal grado que fue necesaria la intervención directa de la presidenta Sheinbaum, quien dispuso la intervención de buen número de tropas del Ejército y de la Guardia Nacional para aplacar a los delincuentes.
Si esta entidad federativa fuera la única en crisis, habría la esperanza de resolverla concentrando en ella la atención y los recursos legales disponibles. Pero en Chihuahua MORENA insiste en que la gobernadora Maru Campos, a quien se le probó que colaboraba con agentes gringos, debe renunciar, y que el gobernador de Nuevo León Samuel García hade solicitar licencia mientras se le investigan presuntos actos de corrupción.
Los morenistas le ponen como ejemplo al gobernador de Sinaloa Rubén Moya, morenista contra quien no ha encontrado pruebas el fiscal general de la República, lo que hace sospechar a los malpensados que no le hallarán culpa porque se trata de un compañero de partido.
Cuatro estados importantes enredados en conflictos graves simultáneamente no son para que una Presidenta concilie con facilidad el sueño. Significaría para ella una aportación invaluable si de cada una de esas entidades federativas surgieran las soluciones. Uno, que ve los toros tras de la barrera, se conformaría con que no apareciera un quinto estado con enredos similares.
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