Me acuerdo de la emoción que sentimos los sonorenses cuando, en 1992, inició sus funciones la Comisión Estatal de los Derechos Humanos. No pudieron escoger mejor presidente entonces los diputados: el licenciado y maestro José Antonio García Ocampo. Nos sentíamos protegidos, estábamos conscientes de que habíamos dado un gran paso hacia adelante, y cuando se giraban “recomendaciones” de la Comisión a gobernantes de diversos niveles las seguimos con interés para comprobar que eran atendidas..
Luego siguieron otros dos magníficos presidentes: el licenciado Miguel Ángel Bustamante, reelecto para un segundo periodo, y el maestro Jorge Sáenz Félix, mi compadre, que fue rector de la Universidad Kino (A todo el mundo le contaba que es mi compadre, inclusive a quienes ya lo sabían)
¿Y qué pasó luego? ¿Por qué la gente dejó de interesarse en el trabajo de la CEDH? El Congreso del Estado, luego de interrogar a los candidatos al cargo, concluida la brillante gestión de Jorge, escogió al peor: Raúl Ramírez, que comenzó por violar los derechos humanos del personal. Repartió ceses sin pago de indemnización o finiquito, para dar plazas a sus amigos. No parecía desear colaboradores sino cómplices.
Hoy está en marcha el procedimiento para elegir presidente o presidenta en el Congreso del Estado. Leo que se han registrado Cervando (lo escribe con C) Flores Castelo, a quien conocí hace varios años como miembro del ´PRD, y Jeanett Arrizón Marina, diputada local. Pero está abierto aún el plazo para registrarse. Ojalá que surjan más aspirantes y todos con la decisión de revivir a la Comisión.
Difícilmente hallaremos una misión tan delicada y tan noble como la protección de los Derechos Humanos. Quien reciba el nombramiento tendrá que comenzar por difundir profusamente qué son y cuáles son esos derechos. Que haya tino en la decisión de los legisladores.
carlosomoncada@gmail.com