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¿Cómo me tratarás, abril?

Carlos MONCADA OCHOA
Lunes 6 de Abril de 2026
 

Aquí estoy, Lector, de vuelta de mi breve vacación. La aproveché para hacer un viaje a Irán a enterarme de modo directo de lo que pasa allá. ¡No, no es cierto! En estos días de asueto no me asomé a la calle más que para pagar una pizza que encargué para no tener qué cocinar. Me encerré con mi esfera de cristal tratando de adivinar cómo me tratará abril. Mis recuerdos de otros abriles son variados.

En abril me casé, faltándome dos meses para cumplir 21 años, que era entonces la mayoría de edad, con Martha Larrañaga, de 19. En abril presenté examen profesional para titularme licenciado en Derecho, con la tesis “La juventud, ¿5º poder?” En ella argumento, precisamente, la necesidad de bajar la mayoría de edad a los 18, lo que el Poder Legislativo hizo poco después. Desde entonces ando con la duda de si el presidente Echeverría promovió la reforma del Artículo 34 de la Constitución por reflexión personal, o lo convenció mi tesis que se publicó como libro, mi primer libro. Considero posible que el Presidente la haya leído y se haya apropiado de mi propuesta. En una biografía se dice que en la escuela era copión.

Abril me dejó una herida que no me cicatriza aunque han pasado 70 años. Se llevó a mi papá. Su retrato está en mi recámara. Es lo último que veo desde la cama al apagar la luz y lo primero que veo al despertar. Abajo, enmarcado, se halla el mensaje que le escribí en 1956. Van unas líneas:

“Esta primavera no es como las otras pues no estás tú, papá querido, el amigo más amado de mi alma, para compartirla con nosotros. Apenas entibió sus rayos el sol, anunciando que el invierno se iba, calzaste la sandalia de la muerte y te fuiste caminando por el sendero de la eternidad. Y ya no estás aquí, con nosotros, para escuchar el cu-cu de las blancas palomas, encerradas en las jaulas que tú mismo fabricaste Ya no estás aquí, con nosotros, para contemplar este cielo, tan insolentemente azul. Ya no estás aquí, con nosotros.

“Ahora sé que tú eres el Ángel de la Primavera. Desde el rincón más limpio de mi corazón me estás mirando siempre con bondadosa firmeza. Yo te miro y te admiro, y te quiero así, con la frente amplia perlada de sudor, con tus manos grandes y los brazos musculosos y fuertes. Tú eres el Ángel de la Primavera y vas ahora caminando por el sendero de la eternidad. No camines demasiado aprisa, lo bastante despacio para que un día pueda yo darte alcance. En el camino te rendiré cuentas y te mostraré tu nombre, para que sepas que si no le he dado nuevo brillo, he sabido conservarle el que tú le diste. No camines muy aprisa porque un día iré a alcanzarte”. Y bien, abril de 2026: estoy listo, tráteme como me trates, no me rajaré.

Carlosomoncada@gmail.com

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