Adolfo Hitler comenzó por agredir a Polonia, lo que hizo estallar la II Guerra Mundial, y siguió con Checoslovaquia y Austria, Bélgica y Francia, Noruega. En lugar de los presidentes y primeros ministros, instauró gobernantes peleles o de plano jefes nazis de alta graduación (el título que se les daba en alemán, “gauleiter). Los ciudadanos de esos países oprimidos pasaron a ser súbditos del dictador alemán.
¿Se parece aquello a la situación en que se encuentra Venezuela, de la que se ha declarado presidente interino el demente Trump?
¿Qué se hace en la Organización de las Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos para detenerlo? Nada, es evidente. Ninguna acción preventiva pese a que en su agenda de agresiones figuran como inminentes México y Cuba.
La presidenta Sheinbaum dijo que había tenido una “buena conversación” telefónica con el presidente gringo, y hay versiones de que el gringo cortó de pronto, cuando le vino en gana, el diálogo. ¿A quién creer?
Intuyo que ha llegado el momento de advertir a las fuerzas armadas que deben de prepararse para defender a la Patria con el máximo esfuerzo y de prepararse, de una vez, para morir. ¿Suena esto melodramático? Con un loco en escena todo puede pasar.
HITLER CON FALDAS
En otra ocasión comentamos el brutal atropello a la libertad de prensa de parte de la gobernadora de Campeche Leyda Sansores, hija de Carlos Sansores, aquel líder del PRI que alcanzó elevados honores como limpiabotas de presidentes.
Demandó al periodista Jorge Luis González porque las críticas que publicó, dijo, le causaron daño moral. Esta falta está prevista en la legislación civil pero la Sansores, de acuerdo con la juez del caso, trata de convertirla en delito para que, de acuerdo con el código penal, el periodista vaya a dar a la cárcel.
Desde aquí, en el otro extremo de la República, protesto contra la despreciable gobernadora.
carlosomoncada@gmail.com