Los amigos periodistas Gregorio Ramírez y Alejandro Islas informaron ayer, cada uno por su propio medio, que se propuso instaurar (yo diría restaurar) el Premio Estatal de Periodismo en la sesión del Congreso del Estado, y entregarlo el 7 de junio, Día de la Libertad de Prensa, cada año.
El premio lo acordó el Congreso en 1999 y se entregó por primera vez el año siguiente al periodista Abelardo Casanova Labrada, QEPD. Se crearon también premios o reconocimientos por género periodístico: a la nota más oportuna, al mejor reportaje, la mejor entrevista, etc.
No recuerdo cuánto duró esta presea, pero no fue mucho. Cuando se habló de suprimirlo hubo diputados que la defendieron, pero el legislador panista Carlos Tapia Astiazarán opinó: “¡Para qué, ni siquiera lo agradecen!”. Y el certamen llegó a su fin.
Ignoro sobre qué bases se establecerá el nuevo premio pero quienes acepten ser jurados tendrán un duro trabajo pues deberán estar pendientes todo el año de lo que publiquen los periodistas en la prensa escrita, y lo que difundan por los medios electrónicos y lo que enseñen en las escuelas de Comunicación Social. Este campo tan importante de la actividad periodística no ha sido tomado en cuenta hasta hoy.
Y la observación no se ha de centrar sólo en Hermosillo sino en todos los municipios donde se hace periodismo. A ver cómo les va.
QUIEREN SER, DOS QUE NO SERÁN.
Ni el presidente municipal de Cajeme ni el de Hermosillo soportaron la espera, y aunque falta un año para que se inicie el proceso electoral para elegir al gobernador para 2027, oficialmente publicaron que quieren correr tras la chamba. Ninguno de los dos cuenta con posibilidades de triunfo.
Tiene más probabilidades mi candidata, ya le pongan enfrente primero a uno y luego al otro de los citados, o aunque le pongan enfrente a los dos juntos. Les diré su nombre en el momento oportuno.
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