Hace un minuto escribí en la página 484, la última de esta obra, estas tres palabras: UN GRAN LIBRO. Soy admirador de Cercas, como lo anuncian los seis libros suyos que brillan en mi biblioteca, siete con éste que acabo de terminar. Se imprimió apenas en julio de este año y me puse a perseguirlo en librerías en cuanto supe por qué y en qué condiciones lo escribió.
El papa Francisco resolvió hacer un viaje a Mongolia, país lejano y desértico, limitado por dos colosos, Rusia y China, y con una población católica que no llega a los dos mil individuos. En algún cerebro del Vaticano surgió la idea de invitar a la gira, junto con los periodistas que normalmente acompañan al Santo Padre, a un escritor de prestigio, a fin de que escribiera un libro con sus experiencias.
Nadie puso objeción a las credenciales literarias de Cercas, que son impecables. Pero disonaba una característica personal: es ateo confeso. No combate a la iglesia, a ninguna iglesia, simplemente no es creyente. Por otro lado, su madre era católica convencida, viuda, y lo asediaba con que quería la certeza de que hay otra vida, una vida eterna durante la cual se reunirá con su marido. Cercas aceptó viajar a Mongolia con el propósito central de preguntar al Papa si hay tal certeza.
La novela está estupendamente documentada. En sus páginas nos enteramos de las diferencias internas del Vaticano, cuestiones de política mundial, información histórica de los papados, y escuchamos diálogos que iluminan, de personajes a quienes Cercas va conociendo. Saltan preguntas que creyentes y no creyentes nos hemos hecho. ¿por qué no se permite casarse a los sacerdotes? ¿Por qué se niega el sacramento a divorciados que cometerán segundas nupcias? ¿Por qué no hay curas mujeres?
Este libro no es un himno de alabanzas al papa Francisco. Cercas lo retrata como un ser humano excepcional, pero ser humano. Acepta la breve entrevista en la que asegura a la madre del escritor que “con toda seguridad” se reunirá con su esposo. Y cuando la señora muere Francisco da inesperado pésame telefónico al escritor.
Es la hermosa historia del loco de Dios y el loco sin Dios.
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