¿A qué les suena esta palabreja que ya se maneja con cierto desparpajo en la Ciudad de México y comienza a extenderse en Guadalajara? ¿A nombre de un moderno dentífrico? ¿A cubierta de chocolate en ricas galletas de trigo? En la realidad tiene una connotación poco agradable.
La gentrificación es un fenómeno socioeconómico que se da en barrios o colonias habitadas por familias de recursos limitados y donde hay cierto abandono de los servicios públicos del gobierno. Un día comienzan a establecerse ahí personas adineradas que construyen hoteles y edificios de departamentos, tiendas modernas, supermercados, y elevan el nivel de vida junto al de las rentas, y los viejos vecinos se ven obligados a marcharse a las afueras de la ciudad. Tal vez encuentran rentas acordes con sus sueldos modestos pero con transporte más costoso por lo alejado de escuelas y centros de trabajo y con escasa seguridad.
Estoy de acuerdo con los lectores que me digan que la gentrificación no ha llegado a Sonora pero preguntaré si conviene esperarla con los brazos cruzados, o estudiar el fenómeno desde ahora a fin de prevenirlo.
Cuando más pronto de lo que quisiéramos se pongan los aspirantes a gobernarnos –desde el Ejecutivo, el ´poder legislativo, los ayuntamientos—a crear soluciones urbanísticas, veremos si hay entre ellos quienes piensen en el futuro. Valdrá la pena votar por esos.
¿EL OPTIMISMO ES TOTAL?
Está encima la iniciación del nuevo ciclo escolar, precedido por noticias optimistas. El número de becas asignado a los alumnos llega a un número sin precedentes, y si no terminan el arreglo de todos los edificios escolares, hay que ser optimistas y tener la certidumbre de que bastarán los días que faltan para concluir la tarea.
¿Y qué nos cuentan en mejoramiento de técnicas de la enseñanza? ¿Y de la cobertura de los programas al cien por ciento, sin que los profesores se distraigan en paros y huelgas estériles? Confiamos en que venga el ciclo escolar con optimismo total.
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