Este domingo es el gran día, el parteaguas, independientemente del resultado, una fecha importante para el desarrollo de nuestra democracia. Un momento esperado por siglos para iniciar el camino hacia la madurez política de los mexicanos en este precedente histórico en un sistema político donde el presidencialismo se niega a desaparecer por intereses creados.
Algunos que apuestan al fracaso de este ejercicio ciudadano, se unen a los muchos que por interés o desinterés prefieren el viejo sistema, el presidencialismo, la dictadura perfecta que permitía que la riqueza del país estuviera en manos de 100 familias, algunas fruto del esfuerzo, más la mayoría, de la explotación de más del 80% de la población en pobreza y en pobreza extrema y una clase media lacaya de las sobras y salpicado de la ostentosa mesa del poder. Los hijos, nietos y biznietos de la revolución, y las castas, económicas, militares, religiosas, políticas, sindicales, feudos, virreinatos y al final, víctima de estos, el Pueblo.
Entidad mayoritaria, que existía, como si no, que se le ocupaba, además de su explotación, para el reparto de tortas y chescos, una gorra, una camiseta y la foto para soportar la carga del poder.
Una población que, debido al secuestro del salario mínimo por décadas, obligó a las madres de familia a buscar trabajo para completar el salario familiar para sobrevivir modestamente en su nivel, dejando, sin culpa, desprotegida la formación de sus hijos.
Con la llegada del “Humanismo social” de López Obrador las cosas han cambiado, aunque el dinosaurio de Monterroso se niega a morir y su entramado de poder (la suprema corte) resiste inmune a la justicia verdadera, tarde que temprano, tendrán que caer y la dictadura Perfecta quedará derrotada sin los guantes y las pelotas en una dictadura velada, donde el justo nuevo dueño pondrá la reglas del nuevo juego político para cambiar la estructura social, lo quieran o no.
Hoy, tenemos la oportunidad de ir a votar, hacer sus acordeones permitido es, podemos ejercer la oportunidad de cambiar a nuestros jueces, pero más importante, ejercer nuestro derecho.
Para los que apuestan al fracaso, les diré, que aun en la votación de bajos niveles, se contarán los votos y el resultado determinará los ganadores.
Los conservadores perfumados, la ultraderecha, los contras tomarán como un triunfo el posible abstencionismo, pero tarde que temprano, habrá una reforma electoral, fiscal, que ponga a cada quién en su lugar.
Salga usted a votar, no desheche la conquista ciudadana, la oportunidad de acelerar el proceso democrático y de elegir, aunque no conozcamos a ministros, magistrados y jueces (lo optimo es permitido, cuando las circunstancias lo permiten) y hagamos un México mejor para nuestros hijos y nietos, aunque nosotros no veamos ese futuro.
Añadan a su Acordeón, a quiénes si conozco y recomiendo A: Pavel Núñez, boleta Rosa número 15, y a Oscar Ernesto González Ulloa boleta Amarilla número 62.
El futuro democrático de México está en tus manos.
Es Cuanto.