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Thomas de Quincey: ocho ensayos de su periodismo literario 1785-1859

Alvaro Cepeda Neri
Jueves 15 de Abril de 2021
 

I.- Con enorme facilidad para escribir, se dice que la obra del inglés-escocés-irlandés: Thomas de Quincey abarca 14 volúmenes; es decir, libros. Se hizo célebre, en los términos periodísticos, “refriteando” lo que se conocía sobre la última etapa de Inmanuel Kant: 1724-1804. Había leído De Quincey tres obras fundamentales sobre la vida de Kant escritas por L. E. Borowski; R. B. y la de C. Wasianski, y de esta manera redactó su famoso: Los últimos días de Kant (con traducción al español de Javier Carreras para las editoriales: La Fontana y Felmar.-1975). Consta de 80 páginas y es un ensayo que le gana celebridad al autor. El libro del que ahora doy breve noticia, inexplicablemente lleva por título: La Farsa de los Cielos; y su ensayo sobre el tema lleva por título: Sistema de los cielos.

Los ocho ensayos son traducidos por Jerónimo Ledesma. Y de estos, el último es apenas un fragmento, sin explicación alguna al respecto. En realidad, De Quincey se dedicó al periodismo y sus colaboraciones fueron destinadas a integrar los catorce textos arriba mencionados; yendo de Escocia a Irlanda, para terminar en Londres.

 

II.- Son textos bastante complicados, tal vez se deba a su difícil traducción al español; o tal vez a que De Quincey transitaba entre el consumo de opio (su ensayo: Las confesiones de un come-opio inglés) y los días bajo sus efectos, permitiéndole combinar sus creaciones y fantasías-delirios, dando como resultado que desde sus títulos, sus trabajos fueran desconcertantes; por ejemplo: Del asesinato considerado como una de las bellas artes.

No obstante, fue leído en su tiempo, aunque muy poco en la actualidad. Permaneciendo presente por: Los últimos días de Kant, donde se refiere más bien al Kant en su decadencia física que a su Obra. Esa que inauguró una nueva y original manera de ver la razón como crítica del conocimiento para la Lógica, la Ética y la Estética; deslindándolas de la metafísica y la creencia de que todo ya estaba dado. Proponiendo que no había cosas en sí, sino que el pensamiento creaba los fenómenos para ir determinándolos como ciencias naturales de fundamento matemático y ciencias sociales de fundamento jurídico.

 

III.- Autor con un abanico de asuntos para “abanicarse” el pensamiento, brinca de un tema a otro gracias a su capacidad para escribir sobre el suicidio, los modales de franceses e ingleses.

Con gran información, abordar la tragedia griega y luego meterse a la edad de los planetas en el contexto de “los cielos”. Son, no por periodísticos, claro, sino porque necesitaban más rigor científico, obras que pueden leerse sin mayor esfuerzo y no dejan mayor huella por su ligereza que apenas reúne lo más elemental; con todo y las opiniones que lo acreditan como algo más que un escritor, que gustaba de copiar a otros autores.

Pero debe ser leído ya que su prosa y temas entrecruzados, enredados y complejos, tienen el sello de una personalidad que llamó la atención, antes y ahora. De Quincey escribió como vivió: desordenadamente (llenó una bañera con sus escritos). Tiene un ensayo sobre Juana de Arco; unas páginas sobre Lessing en torno a su Laocoonte. Y algunas sobre Shakespeare. “Ofrezco –dijo– mis ensayos para divertir al lector, otros para que entiendan aquellas facultades que han permanecido hasta ahora apartadas, y en fin, los últimos como modos de prosa desapasionada”.

 

Ficha bibliográfica

Thomas de Quincey. La farsa de los cielos. Ed. Paradiso, Argentina

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