Cae sospechoso de matar a prostitutas
Sergio Anaya
Viernes 22 de Diciembre de 2006
El autor o autores de la muerte de cinco prostitutas supo ocultar pruebas: dejó todos los cadáveres desnudos, sin rastros de A El 7 de noviembre, la policía de Ipswich lanzó un llamamiento público para localizar a Tania Nicol, una joven de 19 años que había salido de su casa el 30 de octubre para acudir a su empleo nocturno en un hotel de la ciudad. Su madre, Kerry, había denunciado enseguida su desaparición porque era absolutamente anormal que no se comunicara por teléfono con ella. La madre no sabía entonces que su hija había entrado en el círculo vicioso de la heroína y que hacía mucho tiempo que no trabajaba en un hotel; cada noche iba al barrio rojo de Ipswich a alquilar su cuerpo para comprar su dosis. El cuerpo desnudo de Tania fue encontrado en un arroyo el 8 de diciembre. "Tania era una chica cariñosa, adorable y sensible que nunca le hizo daño a nadie. Por desgracia, las drogas se la llevaron a su mundo secreto", lloraba el viernes su padre, Jim Duell, mientras pedía a la población que hiciera todo lo posible por ayudar a la policía a capturar al asesino de su hija. Al descubrirse el cadáver de Tania, Ipswich apenas empezaba a darse cuenta de que se enfrentaba a una pesadilla. Unos días antes, el 2 de diciembre, se había encontrado en el mismo arroyo, apenas unos kilómetros cauce arriba, el cadáver también desnudo de otra prostituta, Gemma Adams, de 25 años, que había desaparecido el 15 de noviembre. Días después se halló en un bosquecillo el cuerpo de otra prostituta que se daba por desaparecida: Anneli Alderton. El 12 de diciembre se descubrieron otros dos cuerpos de mujer: Annette Nicholls y Paula Clennell. Las cinco han aparecido desnudas, las cinco ejercían la prostitución en el barrio rojo de Ipswich. La ciudad, acostumbrada a su ritmo cansino de población mediana (140.000 habitantes, la trigésima octava del Reino Unido) en la que nunca pasa nada, vive una horrible convulsión. La policía ha pedido a las demás chicas de la calle, apenas 30 o 40 en total, que no vayan a trabajar. Lanzó también advertencias a las demás mujeres para que extremen la vigilancia. Ipswich mantiene su vida agitada de vísperas de Navidad durante el día, pero se convierte en un desierto de noche. La muerte de cinco prostitutas ha actuado como un aldabonazo en la conciencia de los locales y probablemente en el conjunto del país. Hay miedo todavía porque la policía no ha atrapado al asesino o a los asesinos, pero hay también una sacudida en la conciencia de los ciudadanos. Se ha abierto un debate sobre el problema de las drogas, que a juicio de muchos ha arrastrado a estas mujeres a vender sus cuerpos para pagar su vicio. Pero también sobre el estatuto legal de la prostitución. De repente, la gente ha empezado a ver a las prostitutas con otros ojos. Aquí y allá han empezado a surgir quejas por el tratamiento mediático: "No eran prostitutas; eran ante todo mujeres, hijas, esposas, primas, sobrinas", se alzan muchos. "Cuando pase todo esto, lo primero que tenemos que hacer es afrontar estos temas. Pero no lo podemos hacer nosotros solos, no tenemos poderes, tenemos que ir al Ministerio del Interior", anuncia una concejal en una entrevista en la BBC. Ipswich ha despertado de golpe, aunque haya sido a través de una pesadilla. Y quiere que despierte también un país que parece a menudo ensimismado en su creciente bienestar económico, a pesar de sus enormes bolsas de marginación y pobreza.
 
 

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