¿Suprimir el sarcasmo? ¡No!
Carlos MONCADA OCHOA
Sábado 29 de Agosto de 2026

Desde que comenzó a hablarse de una ley para proteger a las audiencias, se le han hecho tantas correcciones al proyecto, que he decidido esperar a que la iniciativa se presente como texto definitivo para analizarlo.

Pero, de entrada, puedo asentar que rechazo cualquier ley o reforma que implique impedimento para que el periodista escriba y publique lo que le venga en gana, siempre que respete las limitaciones que fijan los artículos 6º (libertad de expresión) y 7º (Libertad de Prensa) de la Constitución General de la República.

Infinidad de veces los teóricos del Derecho Constitucional han pretendido hacer valer un “pero”, consistente en que la Constitución no dice qué es “vida privada” ni “orden público” ni “respeto a la moral”, principales límites que atañen a las libertades citadas. Hay docenas, tal vez centenares de libros que definen estos conceptos, pero la Constitución no tiene por qué definirlos. En todo caso, hay que esperar que los interprete el juez a quien le toque un asunto relacionado con el tema.

Sin duda es evidente que los autores del proyecto que aquí comento se imaginaron que mediante una ley podrían lograr que los medios publicaran sólo la verdad y nada más que la verdad, lo cual sólo está al alcance de Dios. Y que todos los periodistas escribiéramos guiados por buenas intenciones.

Creo que llegaron al ridículo cuando incluyeron, en la propuesta, que los medios suprimieran el sarcasmo. El sarcasmo es una prolongación de la ironía mezclada con burla.

Uno, ciudadano común y sin fortuna, tiene que soportar atropellos y maniobras de políticos que se enriquecen sin parar, y todavía exigirnos el único desahogo que nos queda, que es la ironía, con su pariente el sarcasmo, es el colmo. No la amuelen, Si siguen así, no cuenten conmigo,

carlosomoncada@gmail.com.

 
 

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