Al menos tres asesinatos con armas de fuego se han cometido en Hermosillo entre el lunes y el miércoles de esta semana.
El lunes un hombre murió tras ser agredido a balazos en el interior de un callejón al norte de Hermosillo
El martes un hombre que cenaba en una taquería y quien era presunto integrante de una banda delictiva fue abatido por dos tipos que fueron detenidos un día después.
En la madrugada del miércoles fueron baleados una mujer y un hombre, ambos fallecieron.
Las notas periodísticas sobre homicidios dolosos son una constante en la capital del Estado desde hace varios meses. Durante el primer semestre del año, los casos aumentaron de 87 2n 2025 a 106 en el presente año.
Además, según datos oficiales, julio 2026 concluyó como uno de los meses con mayor incidencia de hechos de alto impacto en Hermosillo, al registrarse al menos 24 homicidios frente a 8 registrados en Cajeme
Cabe precisar que aun con este incremento en Hermosillo, los datos son más bajos que los de Cajeme en enero-junio del año actual (172 casos), pero en nuestro municipio representan una tendencia a la baja con respecto al 2025 (217 casos).
En total, según datos oficiales, el estado de Sonora registró una baja en homicidios dolosos de un 42.68% al comparar el primer semestre de 2025 (628 víctimas) con el primer semestre de 2026 (360 víctimas), baja impulsada por reducciones importantes en municipios como Cajeme, Nogales y San Luis Río Colorado.
La capital sonorense rompió esta tendencia a la baja, posicionándose como el único municipio con más de 100 mil habitantes en la entidad con un repunte en dicho periodo.
La contradictoria percepción
Pese al incremento de la violencia criminal el "índice de percepción de inseguridad" (INEGI, abril - junio) presenta una disminución en Hermosillo (de 47% a 43%) mientras que Cajeme también con un ligero descenso se mantuvo como uno de los más altos del país (de 84% a 82%).
La contradicción evidente es el incremento de violencia criminal y la baja de la percepción de inseguridad en la capital del Estado.
Para entender esta contradicción veamos el marco social en el que se genera la violencia. En Cajeme los homicidios han presentado una alza progresiva desde el 2015 hasta alcanzar su máximo nivel en el 2021 y una reducción lenta en los años siguientes. En este período se fortalecieron el miedo y la inseguridad en un caldo de cultivo que incluye no sólo a los crímenes sino además a la reproducción sensacionalista en medios informativos que encontraron un ambiente formidable para tener más lectores y seguidores de internet, hecho que alentó a periodistas y aprendices para ganar popularidad. Ser el primero en llegar a la escena del crimen ha sido la vía más corta para ganar adeptos y negociar contratos oficiales.
Aunado a ello, la crisis económica que ha vivido Cajeme en estos años genera un descontento social alimentado por la pobreza, la falta de oportunidades y el desempeño de autoridades rebasadas por estas circunstancias y por sus propias limitaciones. A esto se añade, como se menciona, el reinado de la nota roja en la información a la que está expuesto el cajemense promedio.
Frente a ello las circunstancias de Hermosillo son diferentes, su crecimiento demográfico es acorde con el de su economía, que muestra un dinamismo muy superior al de Cajeme. La apertura de empresas y empleos, la sensación de bienestar, la oferta de diversiones y eventos culturales generan un ambiente social más atractivo.
La perspectiva política
Ahora ante la carrera hacia la elección de gobernador es recurrente identificar los atrasos o adelantos de un municipio con la figura del presidente municipal en turno, situación que se agudiza en el frente a frente de dos participantes en esta carrera, el alcalde de Herrmosillo, Antonio Astiazarán, y el cajemense Javier Lamarque, factor que ellos mismos engrandecen con miras al 2027.
En el tema que nos ocupa, ni uno ni otro tienen una influencia decisiva en el aumento o reducción de la criminalidad en sus respectivos municipios. Este es un problema nacional que tiene sus focos rojos en diversas regiones del país y su comportamiento obedece en buena medida a las estrategias de los grupos delictivos y a la determinación de las fuerzas de seguridad nacionales para enfrentarlos.
Sin duda la variable política más influyente es la insistencia de gobiernos municipales y del estado en presumir una baja de la violencia criminal que aún es demasiado alta, conducta que se explica y se justifica por la obligación que tienen los jefes de gobierno de generar confianza y estabilidad antes que temores sociales.
Pero en el presente contexto no se puede desestimar el aumento notorio de los homicidios en Hermosillo, que se perfila para superar a Cajeme como el núcleo de la guerra entre los grupos delictivos que operan en Sonora.
Algo decepcionante para una ciudad donde se había prometido "Aquí no", como afirmó un funcionario judicial.