¿A quién asustan los chayotes?
Carlos MONCADA OCHOA
Viernes 7 de Agosto de 2026

Se me antoja increíble que dos o tres funcionarios del gobierno del Estado se hayan alarmado con el “descubrimiento” de que se daban, y se dan, chayotes a periodistas. Creo más bien que se fingieron sorprendidos. Si hasta Samuel Ocaña, que tiene fama de haber manejado los fondos oficiales con rectitud, permitía a su secretario particular que enviara cinco kilos o diez (“Según el sapo…”) de carne sonorense quincenalmente a los reporteros predilectos en el viejo D. F.). Y para venir a Sonora con avión y hospedaje pagado no había más que pedirlo.

Las reglas no escritas del chayotismo ordenan dar chayote sin que en apariencia el gobernador en turno se entere, de ahí que se haya hecho ahora un esfuerzo, injusto e inútil, por cargar la culpa en los blancos hombros de la joven directora de Comunicación Social. Déjenla tranquila en su sueño de recorrer el camino político que siguieron sus padres. Ella obedece órdenes.

El chayotismo no va a desaparecer. Es una institución que cobró fuerza desde los tiempos de Porfirio Díaz. (Qué curioso: el periódico que recibía entonces el mejor chayote se llamaba “El Imparcial”), Pero de todo lo que sucede en política, aunque sea algo ridículo, hay que sacar una lección.

Miren, lectores: vi y escuché a la periodista que planteó el asunto al gobernador Durazo en Ciudad Obregón. Qué pobre y qué incorrecta su manera de expresarse, qué ingrata su repetición, las muletillas, la insistencia en hablar y hablar sin decir nada claro. ¡Eso merece un chayote urgente! Pero no se lo den en efectivo, sino en cursos de gramática y expresión pagados! Que se haga eso por el prestigio del periodismo del sur de Sonora.

carlosomoncada@gmail.com

 
 

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