Ayer pasó tarde el carro colector de basura. Me dio tiempo de arrancar el volante que pegaron a la reja y de echarlo al bote del cochinero. En el breve vistazo que le eché vi que era un volante de propaganda de Lamarque. Como todos los demás que aspiran al hueso mayor sabe que actúa fuera de la ley ¿y qué? Si la autoridad electoral no le llama la atención a ninguno, ¿por qué quedarse atrás?
El gobernador del Estado, que además es alto directivo de su partido, hace meses dijo a los funcionarios aspirantes que deberían renunciar a sus puestos y acatar los tiempos, y con eso ya cumplió. Y es explicable su silencio de hoy, porque a estas alturas no va a pedir al (o a la) aspirante de sus preferencias que suspenda su campaña mientras los demás se dan vuelo violando la ley.
¡Pero si también la Presidenta le hace al cuento! En reciente mañanera le hicieron ver los reporteros que tienen rato los aspirantes –los de Sonora y demás entidades federativas en donde habrá elecciones— haciendo burla de la ley, y respondió que eso es asunto del Instituto Nacional Electoral. No andan bien las cosas cuando la responsable del Poder Ejecutivo coloca la autoridad política, que es convenenciera, sobre la autoridad que le asigna le letra de la ley, y sobre todo, sobre la autoridad moral que implica su cargo.
Los miembros de los tribunales a que concierne esta cuestión sólo tienen que dejar que pase el tiempo, para que comience a contar el plazo de, ahora sí, realizar campaña. Poco o nada les importa que la opinión pública llegue a esa fecha aburrida del reiterativo bla bla de los precandidatos y sin ánimo de impulsar los programas de los nuevos gobernantes. Comenzarán a pasarles una película que han visto varias veces.
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