En otro tiempo, el duelo entre pitcher y bateador era un juego de inteligencia. Hoy, en muchos casos, se parece más a un ejercicio de supervivencia. La nueva generación de lanzadores convirtió la velocidad en una obsesión y cada turno al bate se desarrolla con proyectiles que viajan a más de 100 millas por hora (160 km/h)
Paul Skenes, Jacob Misiorowski, Mason Miller y una camada de brazos privilegiados representan la evolución física del pitcheo. También exhiben el lado menos discutido de esa revolución. Mientras las rectas rompen la barrera de las 100 millas por hora con una naturalidad inédita, los bateadores reciben más pelotazos que nunca.
La consecuencia ya no es una percepción. Es una tendencia documentada. De acuerdo con cifras recopiladas por ESPN, las Grandes Ligas registraban hasta el receso del Juego de Estrellas 0.43 bateadores golpeados por encuentro, la segunda cifra más alta de la historia en una temporada completa y casi el triple de lo que ocurría en 1980.
La era de los lanzallamas elevó el peligro
Nunca hubo tantos pitchers capaces de sostener velocidades que hace apenas una década parecían reservadas para relevistas especializados.
Paul Skenes convirtió las 100 mph en una rutina. Jacob Misiorowski llegó a las Grandes Ligas lanzando todavía más fuerte. Mason Miller puede superar las 103 mph sin que ello sorprenda demasiado.
La velocidad, sin embargo, tiene un costo. Mientras más esfuerzo imprime un pitcher en cada lanzamiento, más difícil resulta mantener el control absoluto. Cuando una pelota cambia de trayectoria apenas unas cuantas pulgadas a semejante velocidad, el margen de error desaparece.
Bryce Harper sostuvo que el problema es que los lanzadores actuales ya no buscan tanto atacar la zona de strike como maximizar la velocidad y el movimiento de sus pitcheos. Para el primera base de Philadelphia, nadie intenta golpear deliberadamente a un rival, pero lanzar entre 99 y 101 mph cerca de la cabeza significa “jugar con la vida de los jugadores”, según declaró a ESPN.
“Los lanzadores buscan velocidad y efecto en lugar de strikes. El juego ha cambiado. Es muy difícil. Por eso me encantaba enfrentarme a Justin Verlander, ax Scherzer y Jacob deGrom. Te desafiabanenla zona de strike. Los lanzadores de hoy no intentan golpearte. No hay mala intención. Pero cuando lanzas a 99-101 mph en promedio, cerca de la cabeza, estás jugando con la vida de los jugadores", dijo Harper.
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