¡Adiós, Abraham Zaied Dabdoub!
Carlos MONCADA OCHOA
Lunes 20 de Julio de 2026

En la primavera de 1963 cambié mi domicilio de Ciudad Obregón a Hermosillo para inscribirme en la carrera de Derecho de la Universidad de Sonora y laborar en el diario “El Sonorense”, recién inaugurado. A la redacción de éste iban con cierta regularidad dos tipos especiales amigos del director: el abogado Alfredo Flores Pérez y el nogalense Abraham Zaied Dabdoub, hombre de negocios. Fui afortunado pues también los hice mis amigos.

Abraham fue presidente municipal de Nogales en dos periodos. Y desde el principio de su primera campaña se vio lo que venía con él. Visitó un barrio algo abandonado del municipio, y en rueda de vecinos le oyó prometer al orador principal que votarían por él porque confiaban en que les resolvería el viejo problema de la falta de agua. “Es absurdo, dijo el orador, la línea principal pasa por ahí, en la esquina, a media cuadra de distancia, y no han sido capaces de conectar un tubo a la red que hace tiempo pusimos aquí entre todos”.

Pues también el candidato vio que era absurdo, Llamó al tesorero de su comité de propaganda y le ordenó averiguar cuánto costaba el tubo para la conexión y la mano de obra. Le trajeron pronto el monto: unos cuantos miles de pesos. Ahí mismo Abraham saçó su cartera y entregó el dinero necesario. ¿Para qué esperar la elección?, preguntó.

En su segundo periodo de alcalde, yo era director del Instituto Sonorense de Cultura y firmé con mi amigo el presidente municipal un convenio para fomentar la cultura. El Ayuntamiento se hizo de un local que había sido cine, y con apoyo del gobierno del Estado (léase Manlio Fabio Beltrones) le dio una remozadita y lo rentó a agrupaciones que deseaban realizar ahí congresos, funciones carperas, bailes, graduaciones escolares, y cuando ahorró lo suficiente convirtió el lugar en teatro auditorio en donde se realizaron conciertos de música clásica, presentación de coros, libros, conferencias, etc.

Cuando el candidato a la Presidencia de la República Miguel de la Madrid arribó a Nogales, el periodista Carlos Argüelles y yo veníamos en la comitiva y Abraham, ya alejado de la política, nos comentó que qué lástima, pues nos habría llevado al célebre bar de su casa (le daba un nombre relacionado con el desierto, aunque no lo recuerdo). No vayan a contarlo, lectores, pero optamos por excusarnos mentalmente con el candidato presidencial, y pasamos unas horas de noble y bella amistad. Mi recuerdo emocionado por Abraham Zaied Dabdoub.

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