El dinámico ritmo que ha mantenido la radio en nuestra comunidad se debe fundamentalmente al esfuerzo desarrollado en el marco de la competitividad.
Cuando la radio pionera, XEAP, inició operaciones a finales de los años treinta, comenzó a progresar poco a poco en todos los órdenes, conservadoramente. Pero luego, en 1942, le llegó la competencia (Felipe García de León Escobar llego de los Mochis con su XEOX) y en poco tiempo tuvo que ceder su posición de vanguardia.
Max López Quintana, que por entonces era un joven locutor estelar de la AP, pasó a formar parte del personal de la OX y Don Felipe, que tenía un excelente ojo clínico para detectar a los buenos elementos, aprovechó la simpatía y personalidad de aquel joven para proyectarlo como maestro de ceremonias y conductor de festivales, bailes y eventos sociales de resonancia, tanto en el Club Olímpico Cajeme como en el Club Campestre.
En los juegos de la Liga de la Costa del Pacífico (juegos de béisbol profesional), Max era el locutor comercial, en tanto que se ocupaban de las incidencias del espectáculo, con un estilo que hizo historia, Jesús Corral Ruiz y Arnoldo Jaime (Jaimón). Por la competencia, la radio de don Emilio Manzanilla, el cronista deportivo era Tito Mendoza de León.
A estas alturas es oportuno señalar que a pesar de que la OX contaba con mayor auditorio, la AP no quitaba el dedo del renglón y hacía esfuerzos inauditos por superarse. Los radioescuchas y el gremio mismo de los locutores de ambas estaciones estaban conscientes de que la mejor carta de Manzanilla era Carlos Castillo Escalante, y la de García de León, Gilberto Soria Larrea.
Ambas luminarias del micrófono eran de baja estatura. Chapitos pero cumplidores. Castillo Escalante, era un “milusos”: productor de sketchs, programas vivos e incluso radionovelas donde se daba el lujo de imitar las voces de los elementos del reparto que por equis circunstancias no llegaban a tiempo al estudio. Era tan competente que fue a la ciudad de México y logró incorporarse al selecto cuerpo de locución de la XEW, dirigida entonces por Don Emilio Azcárraga Vidaurrueta.
Soria Larrea, llegado de Hermosillo, era un locutor de buena voz y amplios recursos. Tenía mucha facilidad de palabra y se expresaba con mucha propiedad. Era además sumamente dinámico.
Entre otras ocupaciones, al margen de la locución, fungía como gerente de un cine al aire libre, “Cinelandia”, que aunque incómodo y pequeño (se ubicaba por la calle Sonora, entre Guerrero y No Reelección) desde sus inicios se convirtió en el favorito de la sociedad cajemense, Soria Larrea, hombre de gusto refinado, contrataba puras películas de calidad suprema, con los mejores artistas de la cinematografía mundial, mientras que el elegante y confortable Cine Obregón, exhibía preferentemente películas nacionales el grueso de ellas de nula calidad.
FOTO: Emilio Manzanilla y el locutor Max López Quintana.