Julieta
Armando Terán Ross
Domingo 12 de Julio de 2026

1972

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En tiempo de los Hippies, Romeo terminó su carrera profesional en el Distrito  Federal con greñas a la Beatle y de vez en cuando tocaba su bajo con un grupo de rock en algún evento casual por unos  pesos. 

Su papá hacía tiempo  había suspendido una mesada escasa que le enseñó el arte de  sobrellevar el hambre cotidiana.

Julieta y su fiel amiga M. residían entonces en Guadalajara, tránsfugas de casa materna, en  un departamento de tres habitaciones compartido con un  hermano menor de Romeo y otros compañeros de la camada del barrio muy respetuosos de Julieta, una joven pionera de la independencia de la mujer y de un feminismo mexicano incipiente que apenas rompía su útero en la ciudad de provincia donde se aparecía el demonio del pecado mortal a mujeres que tuvieran hijos fuera del matrimonio católico.

Romeo buscaba un trabajo como ingeniero y gracias a un entrañable amigo de estudios dejó el D.F. para laborar en una maquila gringa donde el gran capital exprimía la mano de obra de decenas de jovencitas tijuanenses.

Vivió solo y su alma seis meses en la ciudad de las maquilas y regresó al D.F. con intenciones de casarse con una bella ex novia con la que aún  tenía la posibilidad de la memoria enamorada de los recuerdos.

 

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Pero sin recursos ni recomendaciones con poder, Romeo no logró su empresa, no hubo casorio con su ex novia capitalina y  él enfocó  su búsqueda hacia Guadalajara. 

Se hospedó en el departamento de Julieta  a quien dedicó sus “poemas” que alguna vez escribió de estudiante. Julieta cayó redondita con Neruda, Octavio Paz, Siddharta, “El arte de amar”, “El amante de lady Chatterley” y libros de Hesse, cine de autor, John y Yoko. “Love” la canción amada por ambos soñadores de huaraches de tres puntadas y teguas de la sierra sonorense. 

Así, enfundados en Jeans acampanados a la cadera pasaron Julieta y su Romeo Hippie una luna de miel perfumada de Pachuli e incienso mientras él cantaba con su guitarra “Oh my lover”.

El entorno  de la ciudad era un edén infinito para la pareja nacida en población semidesértica, “Guanatos” caló de la juventud contracultura del norte del país fue el oásis de la emigración rockera Hippie entre últimos sesenta principios de los setenta, jóvenes que decidieron unirse al cambio iniciado por la psicodelia  Beatle, experiencias LSD, María Sabina Hongos Oaxaca, Peyote eje ritual de Huicholes y Coras.

Y la rebeliones guerrilleras tras “Tlatelolco 2 de Octubre no se olvida”

Iniciaba a sangre y fuego el fin de una moral arcaica y represiva. No hubo más Avándaros ni Woodstocks.

Todo esto fue preludio para Romeo que se estableció trabajando en la ciudad capital de su Estado norteño. Al pie del cerro cuyas rocas tintinean la pareja entró al gremio matrimonial resuelta ya su difícil situación económica tras pasar una serie de peripecias demasiado extensas para este texto.

Y colorín colorado este cuento por ahora ha terminado.

 

 

 
 

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