La capacidad de tolerancia del ser humano tiene límites. Estoy harto de los boletines de prensa del Ayuntamiento en los que se avisa que “Toño y Patty” supervisaron un bache, inauguraron la feria del taco o presenciaron la puesta del sol. Maldigo el momento en que “Toño y Patty” aprobaron el intento de crearles imagen de pareja ideal para detentar el poder político; alo así como John y Jacquelline Kennedy; supusieron que los sonorenses votaremos por ellos en una elección seducidos por su doble encanto personal.
YO NO SOPORTARÍA OTROS TRES AÑOS VIÉNDOLOS TODOS LOS DÍAS EN EL PERIÓDICO.
Esa es la razón principal que me lleva a aconsejar a los partidos todos que no lo adopten como candidato. Pero hay otra razón personal. El señor Astiazarán, “Toño” pues, está mal educado.
Conservo en mis archivos la copia de una nota que el 16 de septiembre de 2006 le dejé a don Toño en su despacho del Ayuntamiento de Guaymas. Ese día tomó posesión de la presidencia municipal en una ceremonia a la que asistí, no por él, que ni era ni es mi amigo, sino porque ahí estuvo el gobernador Eduardo Bours, que podría dar noticia. Al concluir el acto fui el primero en salir a la calle a la carrera, para volver a Hermosillo, pero de paso le dejé al flamante alcalde la nota de que hablo con el obsequio de cuatro de mis libros y doce más destinados a la Biblioteca Pública Municipal. Se dio por entendido de que se harían llegar del palacio municipal a la Biblioteca.
¿Cómo y cuándo me agradeció el alcalde el obsequio? ¿Me llamó por teléfono o le ordenó que lo hiciera en su nombre una secretaria o el director de la biblioteca? ¿Me escribió un mensaje de dos o tres líneas? Jamás se preocupó por satisfacer ese pequeño deber de cortesía. ¿Qué se podría esperar de él en ámbitos más amplios?
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