Entre cánticos, banderas ondeando y un interminable grito de "¡México, México!”, la pasión tricolor se hizo sentir desde el silbatazo final, mientras el orgullo por el equipo dirigido por Javier Aguirre se reflejaba en cada rincón de la capital.
El Ángel de la Independencia volvió a pintarse completamente de verde, blanco y rojo. Ni la lluvia ni las complicaciones que dejó el clima lograron apagar el entusiasmo de una afición que respondió como siempre: acompañando a su selección con el corazón.