En reciente entrevista con un medio nacional, el Secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, admite que -por las medidas arancelarias de Trump- podríamos estar asistiendo a los funerales del T-MEC y de las políticas de libre comercio, para pasar, según el secretario, a la instauración de aranceles discrecionales de acuerdo a los afanes geopolíticos unipolares de los Estados Unidos.
En la entrevista, Ebrard se quiere mostrar habilidoso ante estos posibles cambios. Explica que México puede adaptarse a esta nueva realidad geopolítica, adherido, como activo de reserva de los Estados Unidos. En su visión, el país es un objeto indispensable en la guerra comercial de norteamérica contra China.
En esas condiciones México se mantendría, como lo ha venido haciendo desde la firma del TLCAN (1994), sin política interna de protección al mercado nacional; dándole la espalda a la autosuficiencia alimentaria y a una política orientada al desarrollo industrial propio.
Trump representa lo que bien podría denominarse, "la fase superior del T-MEC". Es la expresión delirante de intereses corporativos y geopolíticos, que quieren apoderarse de todo el mercado mexicano, especialmente el alimentario, para mantener las exigencias de renta de una voluminosa e impagable deuda especulativa que domina al sistema financiero del dólar.
Marcelo Ebrard, no obstante sus contorsiones retóricas, se adhiere al mundo imposible de Trump y con ello compromete el destino de la economía nacional en una aventura sin futuro.
México tiene que aprovechar esta crisis sistémica global para replantearse una nueva relación con los Estados Unidos y con el mundo, en donde la defensa de la soberanía se vincule a la recuperación de una política industrial propia y a la autosuficiencia alimentaria.
El mundo no está en la disyuntiva falsa a la que se somete Ebrard. El dilema no es entre el libre comercio y la desorbitada política arancelaria de Trump. Las naciones del Sur Global, identificadas en agrupamientos como el BRICS, que ya comprenden más del 40 por ciento de los activos de la economía mundial, están en búsqueda de alternativas por encima de esta disyuntiva falsa.
Caminan en dirección a la construcción de una nueva arquitectura financiera, económica y de seguridad, que rompa con los axiomas colonialistas y la premisa librecambista de que "alguien tiene que perder para que otro gane".
La presidenta Sheinbaum, debe de salir del mundo imposible que Ebrard defiende y tomar las ofertas del BRICS para replantearse la relación con los Estados Unidos. Es preferible explorar posibilidades a permanecer en los esquemas del fracaso.