En mi libro “Interpreten mi silencio” hablo de los gobernadores no sonorenses a quienes he entrevistado (de Veracruz, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo, Jalisco, Chihuahua, Colima, Morelos, etc) y de la relación que tuve con los de Sonora, el de mayor edad, don Rodolfo Elías Calles, que vivió y murió en Ciudad Obregón.
No tenía edad para entrevistar a don Álvaro Obregón, aunque tuve una larga plática con él cuando ya era “ex” en Álamos. A Luis Encinas le tuve particular aprecio y fui su jefe de prensa pero sólo cinco meses, porque me di cuenta de que no sabía él cómo se manejaba la prensa y yo sí. Con Faustino Félix Serna la relación fue de primera pues lo conocía desde niño (desde niño yo, no don Faustino). Aunque me faltaba un año para titularme licenciado en Derecho, me nombró abogado auxiliar de la Dirección Jurídica del gobierno.
Fui amigo de Carlos Armando Biébrich cuando fue secretario del Ayuntamiento de Cajeme pero no lo traté como gobernador porque durante sus 25 meses en el cargo yo vivía en la Ciudad de México. Preparo un libro en donde daré cuenta de su corrupta trayectoria, junto con la de su colega Guillermo Padrés.
También estuve fuera de Sonora durante los cuatro años del gobernador sustituto Alejandro Carrillo Marcor pero nuestra relación fue de afecto y respeto pues había sido yo colaborador de “El Nacional” cuando él lo dirigía. Con Samuel Ocaña trabé amistad desde antes de que lo invadiera el virus de la política. Me duele que no hayan encontrado una pluma capaz para escribir su biografía. Queda en pie el reto para profundizar en su obra y en sus errores, que los tuvo. De Rodolfo Félix Valdés no quiero ni acordarme. Me cerró el acceso a mis fuentes de trabajo.
Del gobernador Manlio Fabio Beltrones fui y soy amigo. Apoyó todos los programas que como director general del Instituto Sonorense de Cultura llevé al cabo. Mi relación con Armando López Nogales fue superficial, o como dicen los políticos, “institucional”. Eduardo Bours Castelo fue a mi juicio un gobernador fuera de serie; como periodista metí el hombro para empujar sus actividades culturales.
Sobre Guillermo Padrés tengo dicho todo en mi libro “Asalto a Sonora” publicado antes de que concluyera su sexenio. Y siento que no fui justo al criticar algunos aspectos del gobierno de Claudia Pavlovich. Confío en que tendré oportunidad de rectificar algunos. Recuerdo con cariño sus infaltables llamadas telefónicas cada uno de mis cumpleaños. En cuanto a Alfonso Durazo Montaño, cero relación. Como que no se enteró de que soy periodista. O se enteró y por eso…
Por ahí va mi libro póstumo o casi póstumo.
carlosomoncada@gmail.com