Comienzo la columna de hoy con un ruego: que alguien me diga dónde puedo comprar la biografía del gobernador Samuel Ocaña García, que hace unos días presentó el ingeniero Ignacio Lagarda. Conozco todas las biografías de quienes nos han gobernado, de don Adolfo de la Huerta para acá, y no dejaré incompleta la colección. Y deseo saber si esta obra llega más allá de haberse elaborado como instrumento político para apoyar los fines políticos que persigue la nieta del biografiado.
Ya hay un libro biográfico sobre Ocaña, aunque centrado en cuestiones económicas: “Sorteando el temporal”, de César Humberto Acuña Espinoza, editado por El Colegio de Sonora en 2020.
Por lo que toca al ingeniero Lagarda, ésta es la segunda biografía que publica. La anterior fue la del gobernador Armando López Nogales, aunque me parece recordar que se le mencionó entonces como asesor para dar la impresión de que el propio ex mandatario la había escrito. Es una obra mediocre que no vale la pena leer, pero esto no es culpa del autor o asesor. El personaje biografiado no da para mucho.
Sobre su flamante biografía de Ocaña sería indebido que emitiera aquí un juicio sin haberla leído aún. Con suerte (para el autor) le habrá funcionado ahora el viejo dicho de que “echando a perder se aprende”, y me topo con una buena biografía.
La opinión pública está de acuerdo, por evidente mayoría, en que Samuel Ocaña fue un buen gobernador, pero los homenajes que se le han ofrecido han sido pobres. La administración de Alfonso Durazo inventó un concurso de historia con su nombre, que fracasó. Hay que honrar su memoria con calidad y señorío.
(Reitero la súplica de que me ayuden a obtener el libro. Mis piernas nonagenarias no me permitieron asistir a la presentación ni me permite andar en vueltas mi amada andadera).
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