Recibí en estos días un valioso regalo: los ejemplares de “Ciudadanía Sonora”, revista de excelente diseño, hermosas fotografías y textos bien escritos que, en lo personal, me hicieron recordar bellas poblaciones de Sonora, artistas destacados, y aprender. Es órgano del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana.
De acuerdo con la norma de “primero las damas”, me solacé con las entrevistas a las escritoras Sylvia Aguilar Zéleny, novelista y cuentista. Gracias por los “nortes” sobre escritoras que no he leído. He conocido trabajos de investigación de Elizabeth Cejudo Ramos, graduada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. Una literata en plena producción, hasta ahora con preferencia hacia el cuento es Selene Carolina Ramírez. En la entrevista se le reconoce el valor con que trata temas “tabú” para cierta porción de la sociedad. Completa el bloque de escritoras Josefa Isabel Rojas Molina, poeta de Cananea, que además de responder a la entrevista, regala a los lectores el poema “De ida y vuelta”.
¡Qué alegría enterarme de la trayectoria de Venecia López, pintora y docente en la Universidad! No la conozco en persona pero siempre he admirado su mural, frente a la estatua de Abigael Bohórquez y lo menciono en mi libro “Línea y color”.
Nunca he usado sombrero y ahora lo lamento porque me lo habría quitado al abrir la página en que aparece el retrato de la ex fiscal Claudia Indira Contreras. Vuelvo a indignarme al recordar que de la ola de políticos que llegó tras el poder en 2021, salieron quejas contra la administración de justicia sin más motivo que seguir la cómoda costumbre de criticar a los funcionarios que pretendían desplazar. Falló la innoble estrategia porque el resultado fue que brillaron más los méritos de la abogada Contreras. Un gusto leerla.
Y luego, ¡qué hermosa sorpresa encontrar en esta revista a Anita López! Se forjó en la lucha social desde las aulas universitarias y ha dado lustre al nombre de su padre, “El Machi” López, inmortal líder campesino del Valle del Yaqui. Otra luchadora social, Viola Corella, de Agua Prieta, que fue diputada local y federal. Junto con su esposo, dio gran impulso a la cultura en su comunidad. ¿Y de dónde conocí hace años a Mireya Scarone? ¿Fue líder de las telefonistas? De Rosa María O’Leary conservo el eco de su voz pugnando, en el noticiario de Fausto Soto Silva, porque se eliminaran de Hermosillo los depósitos de basura tóxica. Y aunque el reportaje del Instituto Iris atañe a la rehabilitación de ciegos y débiles mentales, me trae a la mente a mis queridas amigas Julieta Dorado y Martha Quiroz, maestras de Educación Especial y cantantes exquisitas.
Las damas han ocupado la mayor parte de esta columna. Me excuso con los caballeros pues no tengo más remedio que mencionarlos con brevedad: mi ya desaparecido amigo Leonardo Valdez y su casa museo que funciona al salir de Etchojoa hacia Huatabampo y cuyo desarrollo vi desde el principio. Los cantantes Arturo Chacón-Cruz y Juan Pablo Maldonado, a quienes escucho con deleite desde los primeros años de sus respectivas carreras. El dramaturgo y director Sergio Galindo. El cronista Omar Gámez Navo, que continúa produciendo buena literatura.
Y queda por comentar cómo esta revista participa en los fines que la Ley asigna al Instituto Estatal Electoral. Anoto el tema en mi lista de pendientes.
carlosomoncada@gmail.com