¿Quién en su sano juicio puede estar en contra de la solidaridad con Cuba? ¿O con cualquier otro pueblo que sufre por pecados que no cometió? Uno de los problemas de este gobierno, como del anterior, es el apego al simbolismo ideológico.
Pueden abrir una polémica con la coperacha para Cuba (al mismo tiempo que admiten que no enviarán petróleo a la isla) mientras en la práctica se mantienen adheridos a las políticas económicas neoliberales con las que México ha perdido soberanía en todos los sentidos, especialmente al aceptar la pérdida de control sobre nuestra política monetaria y de crédito, anclando la economía nacional al apetito de los mercados especulativos y del llamado sector externo.
Para el caso, basta escuchar los elogios inmerecidos al TLCAN-TMEC, tanto de la presidenta, como de Ebrard y Berdegué.
Les gusta montar batallas en los cielos y juegos románticos; algo que recibe eco inmediato de la derecha y vienen las acusaciones angelicales. Retóricas distintas, hermanadas en la sumisión a los criterios macroeconómicos impuestos por estructuras financieras y bancarias privadas.
Esto no le quita el sueño a Black Rock y otros fondos especulativos, en tanto las política de ajuste fiscal, monetaria y de comercio (como ocurre) bailen al son de las exigencias del sector financiero.