1936: Llueven peces en Cd. Obregón
José Escobar Zavala
Sábado 7 de Marzo de 2026

Un jueves lluvioso de julio, en 1936, una buena parte de los habitantes de Ciudad Obregón fueron testigos de un hecho insólito que nunca más, hasta la fecha, ha vuelto a repetirse. Hablamos de la lluvia de peces (leyó usted bien), que se registró en el sector comprendido de las calles No Reelección y Galeana, que corren paralelas de oriente a poniente, en las calles Sonora y Puebla, que son de sur a norte.

Consultando a meteorólogos, nos dijeron que el fenómeno tiene su explicación lógica y se da con cierta frecuencia cuando los tornados se abaten sobre las regiones costeras, configurándose trombas que recogen del mar agua y peces tomando tanta altura que sus descargas, tierra adentro, logran en algunas ocasiones extraordinarias longitudes, como es el caso que estamos relatando, toda vez que la distancia recorrida fue de cincuenta kilómetros, conservadoramente.

Cuenta el hoy septuagenario cajemense, Antonio Solórzano Murillo, entonces un niño, que se encontraba disfrutando la lluvia en unión de otros niños de su camada, cuando sintió sobre su espalda un golpe seco que lo derribó y que a punto de un charco. Sus compañeros lo rescataron oportunamente y segundos después, ya que recobró del todo el conocimiento, le mostraron el proyectil: un enorme pargo de cuando menos seis kilos de peso.

Para entonces había alarma general. El impacto en las ventanas y los techos de lámina producían estruendos de pánico. Algunas señoras, al observar la calle tapizada de peces de distintos tamaños y colores, lo único que hacían era hincarse a rezar.

Afortunadamente todo volvió a la calma en cuestión de minutos. Al cesar la lluvia los chavos y también los adultos procedieron a recoger, para llevar a sus hogares, los ejemplares que sus fuerzas les permitieran cargar.

Finalizó su relato Solórzano Murillo, diciendo que en su casa se llevó una buena cintariza, por parte de su progenitora, ya que inconscientemente depósito las criaturas del mar en una jarra con hielo y agua de horchata que había sido dispuesta para acompañar los sagrados alimentos.

Otro testigo del singular episodio, Don Federico Watanabe Barrios, ex-administrador del Mercado Municipal en el trienio 1991-1994, recuerda que los peces venidos del cielo cayeron vivos, ante lo cual, no tardo ni perezoso se quitó la camisa e hizo un envoltorio de lisas y mero de regular tamaño, que esa noche sirvieron en su hogar para una cena de gala.

De este singular hecho tomaron nota las oficinas de Ripley y Asociados de Nueva Cork, insertando los testimonios en una de las secciones de la universal columna “aunque usted no lo crea”.

Nota del Editor:

Si el lector aún es escéptico, le informamos que en Honduras y en Irán alguna vez se registraron lluvias de peces, por la misma razón que hoy explica el inefable Google: 
La lluvia de peces es un fenómeno meteorológico extraño donde peces pequeños caen del cielo durante tormentas, a menudo descrito en Yoro, Honduras. Se produce cuando trombas marinas o tornados sobre cuerpos de agua succionan peces y agua, transportándolos antes de soltarlos sobre tierra firme. 
 
 

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