Un abuso contra los usuarios de Telcel
Carlos MONCADA OCHOA
Martes 25 de Noviembre de 2025

El celular suena con escandalosa insistencia y uno, que se está bañando, se envuelve en una toalla, o si se encuentra lejos, corre arriesgándose a resbalar y golpearse porque puede tratarse de la llamada a una solicitud de trabajo o de la esperada noticia de que la abuela se repuso de sus males o, por lo contrario, se durmió para siempre.

Aplicado el aparato al oído, resulta que no se trata de ninguno de esos asuntos. Lo que uno escucha es un mensaje comercial con una oferta de tal o cual producto. ¡Es propaganda que hacen aprovechando el servicio que uno paga, aunque la empresa que se anuncia sí le paga, evidentemente, a los dueños de Telcel!

¿Quién les autorizó a utilizar nuestros celulares como medios de publicidad? Nadie. Roban impunemente. Supongo que cuando se pongan en marcha, el año próximo, las campañas electorales, Telcel venderá a los partidos el derecho de utilizarnos como forzados propagandistas de partidos y candidatos que nos caen gordos.

 

HILAR FINO Y CON DEDAL

Se les tuestan las habas a los trabajadores de todo el país ante la inminencia de obtener, previa la aprobación del Congreso de la Unión, dos anheladas prerrogativas: la limitación de la jornada laboral a 40 horas y el incremento al salario mínimo a partir de enero próximo.

Estamos acostumbrados a simplificar los asuntos laborales por complejos que a menudo resultan ser. Colocamos de este lado al capital con sus representantes más connotados por el monto de sus fortunas, y del otro lado, a los trabajadores que carecen de empleo o apenas ganan para que coman sus familias.

Y entre los dos grandes grupos olvidamos a los pequeños y medianos empresarios a quienes dañarían reformas hechas a la carrera y olvidamos también que el número de pobres, pese a que han disminuido en los últimos años, continúa siendo enorme, y hay que asegurarse de que las reformas les beneficiarán de veras.

No entorpecer los avances de los modestos inversionistas y asegurarse de que la mayoría de pobres reciban los beneficios, obliga a la presidenta Sheinbaum a hilar fino y con dedal (para no herirse ni herir). Démosle margen para la reflexión y la acción coordinada. No la empujemos a la acción precipitada.

carlosomoncada@gmail.com

 
 

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