¿Gentrificaron la Liga Mexicana del Pacífico?
Gil Rodríguez
Lunes 10 de Noviembre de 2025

Lo que alguna vez fue el corazón del invierno mexicano hoy es un espectáculo para unos cuantos. El béisbol del Pacífico ya no huele a tierra ni suena a matraca. Ahora huele a perfume caro y suena a reguetón en bocinas de lujo.

La Liga Mexicana del Pacífico se gentrificó, y si no lo has notado, probablemente eres de los pocos que todavía puede pagar una entrada.

 

1. Una noche en el estadio cuesta lo mismo que el súper

Antes el béisbol era plan de familia, no de fifís. Hoy, una salida normal —dos boletos, un par de cervezas, algo de comida y estacionamiento— se te va fácil en mil quinientos pesos o más. Los precios han subido mucho más de lo que los sueldos y esa tendencia no está para nada justificada por el espectáculo que se ofrece, tema que ya tocamos en la entrega anterior.

¿Y qué te dan a cambio? Hot dogs más chicos, menos ambiente y un “show” que parece más pensado para TikTok que para el aficionado.

El béisbol era un ritual de barrio. Hoy es una experiencia “premium”. Hasta para aplaudir hay que tener presupuesto.

 

2. Del tambor a la selfie

La grada popular era el alma del juego. Los señores con gorra sudada, los niños con guantes, la banda que llegaba desde temprano para armar el tamborazo.

Pero ahora, la porra se ve desde el palco VIP con una bebida de colores que cuesta medio salario mínimo. El estadio se transformó en un bar con pasto al fondo.

Ya no hay gritos de “¡ponche!”, ni carreras improvisadas entre niños en los pasillos. Hay influencers grabando stories sin saber en qué entrada van.

 

3. Negocio 1 – Mística 0

El béisbol del Pacífico era humilde, intenso y humano. Ahora es una vitrina de marcas. Los equipos ya no buscan ídolos, buscan patrocinios.

El espectáculo se volvió un producto de marketing: luces, fuegos artificiales, DJ’s, y spots hasta para respirar. El problema no es el dinero, sino que el dinero desplazó al alma.

Y como si no bastara con la invasión de publicidad, nos quitaron la Coca-Cola para meternos a la fuerza la asquerosa Red Cola. 

Un insulto a la tradición, al paladar y a la memoria de generaciones que crecimos con el sabor del Pacífico original, el que acompañaba el cacahuate y la broma del vecino en la grada.

El béisbol era comunidad. Hoy es concesión.

“La liga del pueblo… ya no tiene pueblo”

La LMP perdió su identidad en el camino del negocio. Y sí, los estadios están más bonitos, las luces son más potentes y las transmisiones se ven mejor… pero ya no se siente el alma.

El béisbol no necesita más pantallas, necesita más pueblo. Necesita que vuelva la gente que gritaba, que discutía, que vivía el juego con los nervios de punta y no con el celular en alto.

Porque si seguimos así, llegará el día en que los estadios estén llenos de gente… pero vacíos de corazón.

Publicado originalmente en el sitio de Facebook Deportólogos

 
 

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