El nacimiento de Derecho
Carlos MONCADA OCHOA
Viernes 7 de Noviembre de 2025

Raro es el día de este mes en que no surge, dentro del octogésimo aniversario que la Universidad celebra desde octubre, el cumpleaños de un departamento o entidad de la Casa de Estudios. Y como yo soy egresado de la Escuela de Derecho, me daré el gusto de dedicarle un recuerdo.

La inauguración de los cursos tuvo lugar el 3 de noviembre de 1953. Los estudiantes matriculados fueron Beatriz Eugenia Montijo Híjar, que fue mi condiscípula en Prepa y años después mi maestra; Josefina Pérez Contreras, cajemense que fue la primera presidenta del Supremo Tribunal de Justicia; Guadalupe Aguilar Cons, Héctor Acedo Valenzuela, Raúl Encinas Alcántar, Jesús Enríquez Burgos y Carlos Gámez Fimbres (los tres probaron suerte en la política como secretarios de gobierno y el tercero como diputado), Oscar Figueroa Félix, Pedro Flores Peralta, Francisco Arturo Lizárraga, Rodolfo Moreno Durazo, Héctor Mignoni Ramírez, Fernando Moraga Luna, Enrique Moraila Valdez, Ignacio Navarro “el macabro”, Rogelio Rendón Duarte, creador del primer “despacho divino” de Sonora, Manuel Rubio González, Rodolfo Rogers Mendoza, de Guaymas, me parece, y Fernando Romero Dessens.

Esta escuela careció al principio edificio propio, estuvo arrimada a la de Agricultura y Ganadería. Antes de que cumpliera tres años, los estudiantes comenzaron a quejarse de la insuficiencia académica de sus profesores, y uno de los jóvenes, Fernando Moraga, que escribía una columna para “El Imparcial”, dio espacio a la crítica. El coordinador de la escuela, Enrique Michel, se sintió ofendido y puso los hechos en conocimiento del Consejo Universitario. Este órgano de autoridad dictó la expulsión de Moraga en abierto atropello a los derechos de Expresión y de Prensa. Una plática de maestro y alumno permitió levantar la sanción, pero no evitar el éxodo de la mayoría de los alumnos a la UNAM.

El primer estudiante que se tituló fue Rogelio Rendón, que no había sido un modelo de aplicación y de quien se decía que cuando le llevaban un asunto complicado corría al despacho de su vecino, el hábil litigante Gilberto Gutiérrez Quiroz, en demanda de asesoría. Durante el examen profesional, uno de los sinodales le planteó el caso hipotético de una demanda y le preguntó qué solución buscaría. Rogelio no hallaba ninguna y muy angustiado le dijo al sinodal: “Con los nervios que se me alteran con el examen, el calor sofocante…, me sería fácil contestar si estuviera sereno, en mi despacho, con aire acondicionado ¡y teniendo cerca al licenciado Gutiérrez Quiroz”.

¡Uf, hay más de 70 años cargados de recuerdos!

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