El tiempo pasa volando, sí. Frase hecha pero vigente estos días al cumplirse 50 años de la matanza de campesinos en San Ignacio Río Muerto.
Yo estudiaba en la Cd. de México y una tarde mientras caminaba por la calle Insurgentes la portada de un periódico vespertino (creo que era el Últimas Noticias de Excélsior o algo así) me detuvo para leer asombrado el titular impactante que mencionaba la tragedia recién ocurrida allá, en Sonora, en un pueblo del Valle del Yaqui donde se había masacrado a varios campesinos.
Fue el 23 de octubre de 1975. Desde entonces se ha hablado más de las intrigas políticas de Augusto Gómez Villanueva, Félix Barra García y otros funcionarios cercanos al presidente Echeverría que lpropiciaron la renuncia obligada del gobernador Carlos Armano Biébrich.
La causa, decían, fue el disgusto de LEA porque el joven gobernador quiso adelantársele y "destapar" a Mario Moya Palencia como candidato del PRI a la presidencia de la República; esas fueron las versiones más comentadas y minimizaban lo verdaderamente importante: La masacre impune de siete campesinos en Sonora.
Pero al paso del tiempo las víctimas aún son recordadas cada año en esta fecha. Se llamaban Juan de Dios Terán Enríquez, Rogelio Robles Ruiz, Benjamín Robles Ruiz, Rafael López Vizcarra, Miguel Gutiérrez L., Enrique Félix Flores y Gildardo Gil Ochoa.