Ayer tuve la primera charla encaminada a la formación de lectores profesionales, no lectores por entretenimiento o por pasar el rato, sino lectores que al dar cuenta de un libro estén dispuestos a debatir con el escritor. Leí testimonios de Javier Cercas. Mario Vargas Llosa, Sándor Márai (húngaro) y Enrique Vila Mata, escritores de elevado renombre, acordes en que lector y autor deben colocarse en el mismo plano, y que el lector profesional ha de herir o salir herido en el debate.
Hice estas afirmaciones terminantes: a) que hay que leer cualquier cosa, lo que se tenga a la mano, lo que sea, con tal de leer, es un consejo tonto; hay que escoger lo mejor; b) no existe un método para crear el hábito de la lectura, en parte es un acto de magia; c) es grave error imponer al niño y al adolescente la lectura como obligación, pues leer es una fuente de goce espiritual; d) leer no es un acto colectivo sino un rito que se satisface en soledad.
Está bien que las señoras por su lado, y los señores por el suyo, formen grupos de lectura y se reúnan periódicamente para comadrear y hacer vida social; pero no es ésa la finalidad de la lectura y poco o nada contribuye esa práctica grupal a fortalecer la psicología del lector profesional. Los “mediadores” de la lectura y los funcionarios del gobierno cantan cada año éxitos endebles.
Además de éstas y otras consideraciones, resolvimos comenzar por leer poesía, primero, por razones cronológicas, la civilización creo primero las canciones y después la narrativa; segundo, porque leer poesía (no la actual sino la tradicional, la rimada y medida, para no caer en manos de malos poetas) enseña al lector la música del verso que también ha de resonar en las obras en prosa.
Se dio una sencilla y breve definición de poesía lírica y poesía épica. Pedí que se tomara nota de los autores mencionados líneas arriba porque sus libros se pueden leer para gozar la musicalidad de la expresión y la profundidad del contenido.
Nos citamos para el viernes próximo. Entraremos al tema de la novela (gracias a mi amada amiga Gloria y demás personal de la biblioteca de la Casa de la Cultura por su generosa hospitalidad).
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