Entre las novedades muy gratas que encontré, luego de varias semanas fuera de Sonora, figura el llamado de la rectora de la Universidad, doctora Camarena Gómez, a los universitarios, a los que seguimos siendo universitarios a pesar de haber concluido hace tiempo una carrera, y a los sonorenses en general, para que aporten ideas que enriquezcan el programa institucional 2025-2029.
He comentado de manera informal que yo sugeriría –y lo haré de manera formal, ahora que están abiertos los canales de comunicación—la reactivación de tres programas que han probado su eficacia en la extensión cultural, una de las tres funciones básicas de nuestra Casa de Estudios. Se trata de dos programas editoriales y uno de cultura musical.
La Revista Universidad de Sonora se creó en 1948 y se estuvo publicando con retrasos hasta el periodo del rector Heriberto Grijalva Monteverde (sólo dos números en los ocho años que duró este rectorado). Nació como mensajera insignia de nuestra Universidad y no parece que esté suspendida sino muerta.
La Gaceta Universitaria pasó por varias fases titubeantes, pero en el rectorado del doctor Enrique Velázquez Contreras apareció mensualmente con puntualidad ejemplar. Y sin la menor explicación dejaron de editarla en cuanto hubo cambio en Rectoría.
En cuanto a la producción de óperas, se la debemos al inolvidable Jesús Li, fallecido bajo este cielo sonorense, y a Marybel Ferrales. La Universidad preparó en alto nivel profesional a los tenores y sopranos, barítonos y mezzos. Se creó la Orquesta Sinfónica para que nada faltara. Ya teníamos escenógrafos. Y en lugar de fortalecer la producción operística para honrar así la memoria de Jesús, ¡nada! Se olvidaron los esfuerzos y los sueños.
Eso es lo que plantearé principalmente, pero no es todo. Me bulle en el coco otra inquietud. Ya veré si me animo.
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