Con la cabeza llena de música
Carlos MONCADA OCHOA
Domingo 27 de Julio de 2025

En el elegante salón de recepciones del Museo de Arte Nacional tuvo lugar el recital de canciones de mi admirada amiga Encarnación Vázquez, mezzosoprano. Su voz fue escuchada por primera vez en el Festival Ortiz Tirado de Álamos, en 1997. El público se enamoró de inmediato de su voz dulce y sedosa, igual que de su grácil y armoniosa figura.

En el segundo semestre de ese año terminaría mi ciclo como director general del Instituto Sonorense de Cultura y el presidente del Consejo Nacional de Cultura me habló para decirme que en retribución de lo bien que habíamos coordinado nuestro trabajo, me regalaría un concierto (que también fue un regalo para el público pues se presentó gratuitamente en el Teatro de la Ciudad) con el cantante o la cantante que yo pidiera. No lo pensé más que un minuto. Encarnación Vázquez, le dije. Y Encarnación vino a cantar.

Volvió en 2004 y cantó en Álamos y también en Navojoa, cuando era gobernador Eduardo Bours, y antes de que finalizara el sexenio de Guillermo Padrés recibió la medalla “Dr, Alfonso Ortiz Tirado”. Su última actuación en el FAOT fue a mitad del sexenio de Claudia Pavlovich. Yo había suspendido mi asistencia a esos festivales pero no me perdí aquella especial actuación. Mi querida Encarnación ya portaba lentes.

Los portaba también este domingo, pero debo decir a los lectores que conserva su figura esbelta y ha afinado el ingenio y la gracia para intercalar observaciones simpáticas entre canción y canción y, desde luego, también su voz privilegiada.

Abrió el programa con un breve ciclo de canciones con letra de Federico García Lorca (encantadora “El jaleo”) y siguió con otros autores de habla hispana, entre ellos Guastavino, compositor incluido también en su primera presentación hace 28 años. Su acompañante fue el guitarrista Daniel Olmos, de veras excepcional. En los tres descansos de la mezzo interpretó solos con maestría.

El Instituto Nacional de Bellas Artes mantiene este tipo de programas con artistas veteranos a los que mantiene en su nómina a manera de becarios, sólo obligados a cantar en recitales gratuitos. La única limitación para el público es que no rebase el cupo del recinto escogido. ¿Cuándo se anima el Instituto Sonorense de Cultura o la Universidad de Sonora a copiar el modelo?

carlosomoncada@gmail.com

 
 

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