Ahora que los aspirantes a candidato a gobernador de MORENA quedaron enmudecidos por el alto mando, quiero recordarles, porque los veo con simpatía (excepto al de Cajeme), el consejo de un experto: el doctor Lauro Ortega, que fue presidente interino del comité nacional del PRI y luego gobernador de Morelos.
En1978, yo era jefe de relaciones públicas de la paraestatal Productos Químicos Vegetales Mexicanos, y el ingeniero Manuel Puebla, director general. Puebla y al menos otros veinte sonorenses deseaban ser el candidato del PRI para 1979. Un allegado al doctor Ortega me preguntó si convendría a Puebla un desayuno con el morelense, y más pronto que inmediatamente le contesté que sí.
El doctor tenía en las calles de Vallarta un comedor y cocina que usaba para reuniones privadas, y allí nos presentamos. Yo no era un simple metiche. Conocía ya a Ortega porque lo había entrevistado en ese mismo lugar junto con el periodista Jesús Corral Ruiz. Naturalmente, en la mañana que les cuento entramos a hablar de Sonora antes de terminar los alimentos. El doctor, luego de recordar campañas anteriores, como la del gobernador Luis Encinas, concluyó: “El trecho por recorrer es largo y muchos de los que suenan van a quedarse en el camino”.
Yo le pregunté: “¿Y qué recomienda usted, doctor, con su experiencia de dirigente priista, a un candidato que no quiera quedarse en el camino?”
Y aquí viene el secreto, condensado en cinco puntos que Ortega marcaba con los dedos: “En primer lugar, sumergirse sin desaparecer, es decir, estar presente de alguna manera pero no sacar la cabeza porque se la vuelan, pero sin hundirse por completo porque se ahoga. En segundo lugar, hablarle con regularidad a los demás candidatos y decirles: Sé que tú tienes las mayores posibilidades y vas por buen camino; te pido que cuando se te haga el asunto, me tengas en cuenta para colaborar contigo”. Aquí lo interrumpí:
“Podría suceder que el aspirante a quien se trate de engatusar le replique al engatusador: no, estoy seguro de que tú eres el bueno y quiero chamba contigo.
“No lo dirán todos pues a muchos los vuelve tontos la vanidad. Pero habría que insistir hasta convencerlo de que él es el bueno”. El doctor continuó:
“En tercer lugar, acercarse de cuando en cuando al presidente del Partido y al secretario de Gobernación; en cuarto, estar en buenos términos con amigos del presidente López Portillo a los que éste sin duda consultará: el ingeniero Jorge Díaz Serrano, el general Arturo Durazo, que es muy pendejo, pero es amigo del Presidente; el licenciado Ernesto Uruchurtu, que es un símbolo. Y en quinto lugar, tener una buena prensa, aunque tener buena prensa no es que le saquen todos los días a uno la foto y que lo mencionen los columnistas, sino no agarrar pleito con los periodistas y sólo aclarar con discreción las críticas que puedan perjudicar”.
Ese es el consejo del experto. La última vez que lo vi fue en Guadalajara, el 5 de febrero de 1982, durante la también última “reunión de la República que solía convocar López Portillo. Ya era don Lauro gobernador de Morelos. Luego del saludo le pregunté: ¿Aplicó usted aquellos consejos en su campaña? Hizo unas muecas que pretendían ser risas y sólo exclamó: “¡Ah, qué sonorenses!”. (Esta entrevista se encuentra en mi libro “Cincuenta años en esto”)
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