Dice el viejo y conocido refrán que cada quien cuenta como le va en la feria. De siempre, he sido un crítico de aquellos que se mandan tomar fotos y las publican estando en su lecho de enfermo, conectados a sueros, tripas y toda clase de aparatos con los que el médico trata de mantenerlos con vida.
Y viene esto a cuento por dos cosas; primero, ante la insistencia y el énfasis que, a falta de algo más válido y convincente, han venido haciendo aquellos que no únicamente perdieron las elecciones en el 2018 y las volvieron a perder (y así hasta el infinito ) en el 2021 y el 2024. Perdieron, y eso es lo que más les duele, el infinito número de privilegios y prebendas de las que habían venido disfrutando a lo largo de más de setenta años gracias a aquella añorada dictadura perfecta de la que hablaba el recientemente fallecido premio Nobel, Mario Vargas Llosa.
Éste gobierno -dicen, a todo lo alto- ha llegado al extremo de acabar con el sistema de salud en México. Y como prueba de ello, señalan que los usuarios de las dependencias de salud pública, " ni siquiera tienen acceso a las medicinas" y, ni qué decir de la atención médica que es, por igual, un desastre.
A reserva de que alguno de mis familiares me tomó una foto en mi lecho, casi de muerte en el que estuve hace cuestión de unos 20 días aproximadamente, por ahí debe de estar seguramente bien archivada y registrada la atención de la que fui objeto por parte del personal médico y enfermeras de la Unidad de Urgencias del Seguro Social en donde, debo reconocer, me trajeron de regreso a este Valle de Lágrimas. Ellos, y antes que ellos, la oportuna intervención que en lo particular hizo nuestro amigo, el joven doctor Jorge Molina sin cuya valiosa ayuda no estuviéramos para contarla, seguramente. De esta negra experiencia, ahora puedo decir que fui y vine al más allá con derecho de picaporte, en un viaje que fácilmente duró unas 72 horas mismas en las que no supe absolutamente de mi, sino hasta que ya me ví en la misma sala de urgencias en la que permanecí por espacio de cinco días.
Contado lo anterior, salvó el episodio en el que el personal de Urgencias se tomó algunas selfies para festejar a algún compañero del grupo, quiero pensar, la atención fue de primerísima calidad. Sería por la gravedad del caso o qué se yo, pero horas después de salir del estado del coma en que me encontraba, fui atendido por lo menos por unos tres o cuatro médicos entre mujeres y hombres, sin olvidar las incontables enfermeras y enfermeros que siempre estuvieron al pendiente de la evolución de mi enfermedad que no fue otra cosa que una agresiva infección gastrointestinal que en cuestión de minutos me puso fuera de combate y noqueó casi al instante. En todo ese tiempo, jamás escuché que hiciera falta algún instrumental médico y menos que hiciera falta algún medicamento.
Algo más. En el año y medio que tengo yendo a consulta familiar para atenderme de la rebosante dulzura y cariño que me caracteriza (diabetes melitus, tipo 2) e hipertensión, no ha habido una sola ocasión en que me hayan dicho que no hay tal o cual medicamento. Por si fuera poco, hace unos días me hablaron del Imss Bienestar para decirme que en breve tiempo estarán conmigo para afiliarme al programa Médico en tu Casa. Y una pertinente aclaración para aquellos que estén pensando en alguna "charoleada" del suscrito. El médico familiar cuando mucho sabe mi apellido y el cuerpo médico que me atendió, por igual, para ellos significó un paciente o enfermo más por atender para ponerlo de nuevo en circulación y tan tan. Y por cierto, a falta de ir uno por uno para mostrarle mi agradecimiento, sirvan éstas líneas para demostrar mi eterna gratitud tanto a ellos como a mis hijos y por igual a toda mi familia que en todo momento estuvieron conmigo en ésta desagradable aventura que me hizo arañarlas puertas delA VERno con las consabidas indulgencias del Padreotero, faltaba más.
Finalmente, debo confesar también un pecadillo. En todo momento me hicieron llegar mis infaltables gotas de Nex02 que no son otra cosa que oxígeno líquido, auxiliares en un sin fin de enfermedades. Pero esa ya es otra historia.
Para todos ellos, de verdad, mi eterna gratitud. Ah, y desde luego, gracias mi Coco por esa gelatina que me hiciste llegar de contrabando y que por supuesto me supo a gloria. Imposible no aceptar que es la gelatina más rica que he comido en toda mi vida¡!. Sugerencias y comentarios; premiereditores@hotmail.com o al WhatsApp 6449972972.