Una cabeza humana hallada en el baño de un supermercado y ahora los cadáveres de tres niñas y su madre asesinadas, son los hechos recientes de una ola criminal que golpea a Hermosillo desde hace ya varias semanas.
No es que la capital del Estado haya permanecido ajena a la violencia que afecta a todo el país en general y a Sonora en lo particular. Pero se había mantenido hasta hace poco en niveles debajo del promedio regional en cuanto a delitos de alto impacto, sin la alta criminalidad que ocurre en municipios como Cajeme o San Luis Río Colorado, por citar los casos más conocidos.
Envueltos en una atmósfera de prosperidad económica, con un entorno urbano remozado y una vida cultural dinámica, con fiestas multitudinarias que exhiben la alegría citadina, los hermosillenses volteaban a vernos con asombro por lo que nosotros hemos padecido ya durante varios años.
Creían en las palabras del delegado de la Fiscalía General de la República, Francisco Sergio Méndez, quien en marzo 2023 aseguró en la capital de Sonora: "Aquí no puede entrar eso, aquí no es permitido que entre la alta criminalidad".
Por desgracia también dicho mal está ensañándose con nuestra bella capital. Las semanas recientes son una advertencia de lo que puede ocurrir allí si no se toman medidas drásticas, como debieron haberse tomado en Cajeme y hasta la fecha no ha sido así. Hoy padecemos las consecuencias que empeorarán en todo el estado si este clima permanece en la capital.
Hermosillo se calienta y no es por el calor de verano.