Anoche concluyó el Festival Ortiz Tirado pero me falta el comentario de la función de gala del viernes, que daré en esta columna, y el de anoche, que le aparecerá mañana lunes. La noche del viernes fue un mano a mano de Verdi y Wagner pues sólo arias de estos gigantes cantó el bajo René Pape, un artista fuera de serie, aunque la tesitura de bajo no es de las que emocionan de modo especial a los oyentes, a menos que posean conocimiento previo de la ópera programada.
Por lo que toca a Verdi cantó arias de “Nabucco”, “Simon Bocanegra”, “Banquo” de “Macbeth”, “La fuerza del destino” y la dolorosa aria del rey Felipe de “Don Carlo”.
“Macbeth” es una obra impresionante y terrible basada en la tragedia homónima de Shakespeare. Banquo se queja de que las brujas que conocen el destino de los mortales sólo predicen premios de nobleza para Macbeth, inclusive el trono, por su triunfo en la guerra, y nada para él. Una bruja pronostica: “No serás rey pero sí padre de reyes”.
En cuanto a Don Carlo, hijo del rey Felipe, resulta herido en el corazón porque su amada Elisabeth se casa, por razones de estado, con su padre, el monarca. Pero éste no tarda en cantar su frustración: “ella giammail m’amó… amor per me non ha” (ella jamás me amó, amor por mí no tiene).
Y se lució el señor Pape en el monólogo de Hans de “Los maestros cantores” y la dramática despedida de Wotan de “Las valquirias”, como se lució con su realmente esforzado español para calificar a nuestra Filarmónica de etraordinaria; fueron bien ganados los aplausos por la orquesta, sobre todo cuando atacaron con vigor wagneriano el preludio de Lohengrin. Trompetas y cornos hicieron subir la presión del respetable.
Mañana les daré la última reseña del Festival.
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