Los Alzados (3): Las intrigas de Gándara
Armando Terán Ross
Viernes 7 de Octubre de 2022

Al pasar de una administración colonial a una independiente, los yaquis perdieron parte de las garantías que habían obtenido en la primera. Con la Independencia, la ideología liberal ganó terreno y ligó el nombre de yaqui mucho más a las tierras propicias para una agricultura moderna que a los indios que vivían en ellas.

Al sostener a un hombre político como Gándara, que no cesaba de introducir tensiones en el estado, los yaquis contribuyeron al mantenimiento de una situación “problemática”. Situación que, al perpetuarse, impidió el establecimiento de un verdadero poder de estado y por lo mismo se volvió más lento el proceso de colonización naciente.

Por otra parte, con la articulación de sus luchas a las de un hombre políticamente reconocido, las demandas de los yaquis perdieron el carácter específico que podían tener; se situaron en el terreno político y se beneficiaron con varios apoyos, sobre todo después de los cambios de situaciones.

Al evitar la singularización de sus luchas, al entrar en “la política”, los yaquis evitaron su marginación. Se volvieron uno de los elementos del juego político global, aunque sin ser uno de los actores. Estos cambios tan numerosos, la dificultad de comprender con claridad cuáles eran los intereses en juego dentro de tal o cual coyuntura, excluyeron de golpe a los yaquis como actores políticos. “Ciega” o no, la política de los yaquis tuvo efectos que correspondían a sus intereses inmediatos.

Las intrigas de Gándara no explicaban por sí solas la dificultad del poder local para estructurarse y para proseguir una política radical de colonización. Después de las luchas diversas entre federalistas y centralistas, después de la guerra con los Estados Unidos (iniciada en 1846) que hizo perder a México la mitad de su territorio y del uno al dos por ciento de su población, un orden autoritario se estableció bajo la dictadura del general Antonio López de Santa Anna a fines de 1853. Durante su presidencia, México perdió parte del territorio sudcaliforniano. Sonora, que se extendía hasta el río Gila, fue por ende reducido, debilitado.

Poco después, el estado tuvo que hacer frente a invasiones de filibusteros: la primera en 1854, dirigida por un francés, Raoul Gaston Raousset de Boulbon; la segunda, norteamericana, encabezada por Henry A. Crabb, en 1857.9

Estas invasiones movilizaron, una después de otra, a las fuerzas de Sonora. Ambos casos fueron intentos por apropiarse de un territorio cuya riqueza empezaba a percibirse. Estos intentos fracasaron, porque los aventureros no encontraron apoyo ni en la clase política local, que veía su poder amenazado, ni en ningún grupo social o étnico (tampoco los yaquis intervinieron aunque eran aptos para introducirse en cualquier movimiento de agitación, pues en ese momento estaban movilizados por fuera).

(Continuará)

 
 

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