¿Por qué cambia un político de partido?
Carlos MONCADA OCHOA
Martes 4 de Octubre de 2022

Los políticos que se quedan anquilosados en un partido esperando que la permanencia en él se le anote como mérito, fingen demencia y preguntan: ¿por qué pasan algunos de un partido a otro? Habría que revirarles otra pregunta, sobre todo si el partido en que permanecen se halla en ruinas: ¿Por qué no te vas tú a otro partido que no te avergüence y en el que puedas hacer política limpia y útil a la sociedad?

Desde que existen los partidos se han registrado movimientos de ciudadanos de un partido a otro, aunque eso sí, no habían alcanzado el número de los actuales. Pero hay que recordar que los primeros partidos, digamos hasta los años cuarenta del Siglo pasado, no eran como los de hoy. Por eso al principio en algunos lugares les llamaban “clubes” y funcionaban para competir en una elección, y luego de perder o ganar, no iban más allá.

Hoy en día, la persona que decide renunciar a un partido, lleva al cabo un acto de libertad, consciente de que va a tocar las puertas de otro cuyos miembros también realizan un acto de libertad: o lo reciben o lo rechazan.

Si el cambio se debe al convencimiento de que en el otro partido hallará el que se cambia principios más elevados y más firmes, está bien. Y si se debe a que calcula que en el otro partido hay más oportunidades para satisfacer sus planes personales, lícitos desde luego, bien también. A nadie se le puede reprochar que busque progresar.

Que los que se quedan reprochen el cambio a quienes se van, es obvio. Que el reproche esté fundamentado en argumentos legales o éticos carece de base.

 

SORIANA MORELOS PERDIÓ UN CLIENTE

Que un cliente del supermercado Soriana (el de bulevar Morelos) haya decidido no volver a hacer sus compras ahí, no es noticia que vaya a trastornar la economía de esa multimillonaria empresa. No creo que sus importantes directivos sufrirán porque un modesto comprador se les va. Pero a mi me parece que contar el episodio, por ser tan ridículo, puede aliviar un poco las preocupaciones importantes que nos agobian en materia económica.

La sucursal de Soriana que se cita hace varias semanas padece un déficit de carritos para las compras de los clientes. Sin profundizar en el cálculo, pienso que le faltan unos 500 carritos y un buen número de los carritos-canasta, con menor capacidad.

Ayer padecí por segunda vez esa carencia, y como iba a comprar sólo tres o cuatro artículos y los pocos carritos estaban ocupados, pedí en una de las cajas que me dieran dos bolsas de plástico, de las que utilizan para empacar el mandado, a fin de echar ahí el mío y pagarlo en las cajas. Pero cuando me disponía a entrar, un agente de enorme panza me lo impidió; no podía entrar con las bolsas de plástico, dijo. Y no escuchó mi sencillo razonamiento: las llevo para traer a las cajas lo que voy a comprar; o lo escuchó y no le llegó al cerebrito. Devolví las bolsas y me marché preguntándome con tristeza cómo puede haber gordos tan tontos.

Y empresas tan irresponsables.

carlosomoncada@gmail.com

 
 

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