Celosos de su deber
Sergio Anaya
Domingo 13 de Marzo de 2022

Las multas por exceso de velocidad o por pasarse un alto se pagaban a 25 pesos, recuerda Ramón Mascareño Figueroa, teniente de tránsito durante los años cincuenta y sesenta.

Él trabajó bajo las órdenes del comandante Arturo Merino a quien recuerda como el mejor comandante que ha tenido la corporación en su historia.

Cuando los agentes se formaban en el cambio de turno, Merino les recordaba: “Muchachos, cuiden su trabajo, aquí no hace falta el que se va ni estorba el que se queda”.  Una advertencia que la mayoría entendía muy bien.

“Teníamos una relación de respeto mutuo con la ciudadanía, algo que nos inculcaban mucho nuestros jefes”, dice don Ramón.

El jefe de tránsito era Francisco Quiroga Flores “y él también nos encomendaba que fuéramos atentos y acomedidos con la gente.”

En 1959 policía y tránsito estaban en edificios separados. Policía por la calle Jalisco y Allende; Tránsito en la calle 5 de Febrero, casi esquina con Guerrero, frente a la Comisión Federal de Electricidad.

Ese año se tomó la foto que aparece en esta sección. Es un grupo de agentes entre los que se encuentran el comandante Ramón de Artee Hernández, teniente Ramón Mascareño Figueroa, Octavio González Ibáñez, Ramón Regalado, José Novoa, encargado del archivo de Tránsito, el señor Inukai e Ignacio Mascareño, hermano de Ramón.

 

Foto:

1957. El teniente Mascareño hace alto en Calfiornia y 200, aún despoblada.

 
 

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