Yaquis, una decepción más
Sergio Anaya
Domingo 31 de Diciembre de 2017

Cajeme es el municipio de México que más peloteros de Ligas Mayores ha generado (Chabelo Ceceña, Tavo Álvarez, Karim, Amézaga, Valdez...). En eso pensaba cuando veía a un lado mío a Jesús Robles. Con su vaso de champurrado en la mano, "El Zurdo" seguía atento cada jugada y no sé si en algún momento recordaba sus grandes momentos con aquellos Yaquis del 65-66, cuando obtuvieron el primer campeonato de la Liga del Pacífico.

Era el segundo y penúltimo juego de la actual temporada en el estadio de los Yaquis. El equipo desde semanas atrás estaba fuera de competencia, sin posibilidad de pasar al play off, pero la afición hizo una gran entrada esa noche. Allí estaban los grupos familiares que cada fin de año se reúnen en el estadio para compartir al alegría de estar juntos y aplaudir a su equipo. Estaban los aficionados de siempre y los más jóvenes. 

En un momento el bateador de los Yaquis, con un hombre en base y abajo en el marcador, conectó un hit que al final de cuentas entre la bola ocupada y los errores defensivos de Venados, le permitieron al bateadro correr las tres bases y llegar barrido a home para sumar dos carreras y darle vuelta al marcador. El público se levantó de sus asientos, hubo gritos y aplausos, como si esas dos anotaciones pusieran al equipo en el play off.

Pero no, la explosión de alegría era porque la gente quería estar feliz aunque fuera por un momento, sin importar que al día siguiente se acabara una temporada más, una pésima temporada en todos los sentidos.

Ese júbilo por dos carreras que no cambiaban nada, la cercanía de un "histórico de los Yaquis" como el gran "Zurdo" Robles, la gran asistencia del público pese a que todo ya estaba perdido, el saber que Cajeme es el que más ligamayoristas tiene en la historia del beisbol mexicano, todo eso puso en evidencia lo importante que es este deporte para nosotros.

Es un elemento cultural, un factor de cohesión social que no puede perderse, pero que está en riesgo si lo ocurrido esta temporada se repite en las próximas.

Utilizar al beisbol profesional en una herramienta de mercadotecnia, transformar a un costoso estadio en la cantina más grande del sur de Sonora (como ocurre desde el año pasado), echar por la borda una temporada desde semanas antes de que termine, son errores que no deben repetirse.

Tampoco deben repetirse las agresiones a los directivos por parte de aficionados alcoholizados. Se puede protestar y abuchear, es parte del espectáculo, pero no agredir. 

Los más conocedores, entre periodistas y el público, coinciden en las críticas a la directiva y algunos ya le quitan el mérito del tricampeonato pues adjudican esa hazaña a alguien que ya no está en el equipo, el "Pollo" Minjarez. La polémica crece.

Se mencionan los casos de Luis Ignacio Ayala y Agustín Murillo como evidencias de una administración negativa. Se dicen muchas cosas más sobre errores de la directiva y hasta cierto punto es natural. Ayer eran héroes con un tricampeonato en las vitrinas, hoy son villanos.

Los señalamientos también coinciden en algo más objetivo: Obregón es una plaza chica comparada con Mexicali, Hermosillo, Culiacán, Guadalajara y Mazatlán, y no puede mantener una nómina alta en su line up. 

Ya no está el Grupo Modelo para respaldar grandes contrataciones y el potencial económico de una plaza es crucial para armar buenos equipos, dicen los expertos. Si esto es cierto, de ahora en adelannte los títulos se repartirán entre Tomateros, Narajneros y Águilas, equipos con asistencia mucho más alta a los del resto. 

La polémica continuará durante la próxima temporada, según sea el rendimiento de los Yaquis. De aquí a octubre hay nueve meses para corregir el rumbo. La afición reclama un equipo protagonista en la lucha por el título, aunque este tarde en llegar. Puede entender las derrotas, pero no aceptará una exhibición deplorable como la de este año.

La pelota está en juego.

 
 

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