El breve tiempo en mucho espacio
Raúl Héctor Campa García
Viernes 22 de Diciembre de 2017

Hoy no escribiré de política. La letra de la canción de Pablo Milanés, El Breve Espacio, tampoco es la referencia de este escrito. Lo hare sobre el Breve Tiempo de vida que el ser humano tiene en un sistema planetario “infinito”, o en la grandiosidad del mundo terrenal, a pesar de que en algunos lugares de nuestro planeta (tierra) se concentra una sobrepoblación, aun así, existe mucho espacio que, al igual que a las personas, junto con su entorno habrá que cuidar. Las personas nacemos, crecemos, nos desarrollamos y morimos, y el espacio persiste.

La vida del ser humano es breve, en cuanto al tiempo de su existencia, para unos la sobrevivencia es corta; para otros, si se cuidan, llegan a vivir 75 años o mucho más, que son los garbanzos de a libra. Reflexionando en esto y sobretodo en estas fechas de recogimiento familiar, y de solidaridad de algunos, con el resto de nuestros congéneres; son días de recapacitación y de análisis, tiempo de hacer un balance de lo acontecido en nuestro peregrinar en la vida. De nuestros aciertos y desaciertos. No hay duda que cuando el ser humano llega a la edad adulta o de los cincuenta y más, se no va acortando el tiempo de nuestra vida, se nos hacen cortos los años, “pasan volando dirán algunos”. Quizás eso no pensamos en la época de nuestra niñez, de nuestra juventud. Y como dijo el poeta nicaragüense, Rubén Darío en su poema Canción de otoño en primavera: “Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar, no lloro/ y a veces lloro sin querer/…

En este mundo o este “infinito” espacio que ocupamos hay situaciones, actitudes en que los seres humanos coincidimos y una de esas coincidencias es la familia, los amigos, nuestros conocidos: nuestros abuelos, nuestros padres, coincidieron. Al conocer a nuestra esposa o pareja, por lo general en estos encuentros llegan los hijos, nietos y toda una organizada y civilizada sociedad (generalmente es lo común, nuestra singular naturaleza para la sobrevivencia de la vida humana).

Cada fin de año (diciembre), algunos seres humanos, nos llenamos de propósitos y de buenas intenciones (deseamos y nos desean los demás). Actualmente, las redes sociales y por los medios de comunicación, nos invaden de estos buenos deseos.

En estos días, fui a visitar a un familiar enfermo, y ante el temor de un mal pronóstico, llegaron a mi mente, “los huertos” (“si la muerte llega a mi huerto”. Serrat), de familiares fallecidos: mis abuelos, mis padres, hermanos, mis sobrinos, cuñados y los amigos que se nos adelantaron.

En ese pensamiento estaba absorto, viajando en un autobús de pasajeros, cuando el sonido del celular que indica mensajes (por email, Facebook, WhatsApp o mensajes de texto), empiezan a llegar y coincidiendo con mis pensamientos tome, uno de tantos que me hicieron llegar, queridas y estimadas amistades, el cual plasmo tal cual a continuación: “Hoy estuve pensando en la mala costumbre que tenemos los seres humanos de valorar algo solamente en ausencia. Valoramos el dinero cuando nos falta. Valoramos el tiempo cuando estamos muriendo. Valoramos la familia cuando la perdimos. Valoramos el frio cuando hace calor, y deseamos que haga calor cuando hace frio. Nos quejamos porque tenemos que ir a trabajar, y si no tenemos trabajo también, porque nos falta.

Y entonces es cuando se valora el trabajo sea cual sea. Solamente cuando recibimos un golpe bajo, dejamos de posponer la vida para después. Vivimos de recuerdos pasados, o anhelando un futuro que ni sabemos si llegaremos a alcanzar. Mientras sufrimos el presente como si nos encontráramos en una prisión sin salida. Nos quejamos de nuestros hijos pequeños y luego cuando crecen deseamos que vuelvan a ser niños.

Vivimos discutiendo con nuestros padres, y luego cuando mueren, anhelamos con todo nuestro ser poder retroceder el tiempo y darle tan solo un abrazo más. Nos quejamos de todo lo que nos falta, y nos olvidamos de disfrutar de lo que tenemos. El ayer ya paso, y el futuro es incierto. Solamente nos queda vivir aquí, y ahora, y sembrar lo mejor que tengamos confiando en que vamos a cosechar lo mejor después ¿Por qué esperar para decirte que te amo? ¿Por qué no luchar hoy por lo que deseas? ¿Por qué guardarte sonrisas, abrazos y besos?

¿Por qué no pedir perdón? Nunca creemos que se nos puede acabar el tiempo, hasta que se nos acaba. Nunca creemos que podemos perder algo, hasta que lo perdemos. Nunca creemos que vamos a morir, hasta que estamos muriendo. ¿Por qué no disfrutar del sol, cuando está brillando? ¿Por qué no mejor dejar que la lluvia nos moje, cuando está lloviendo? ¿Por qué no reír cuando estamos felices, y llorar cuando sufrimos? Sufrir también es vivir. Que duela también es señal de que puedes sentir. Sentir, todavía es señal de que hay esperanza. No esperes enterarte de que estas muriendo, para empezar a vivir. La vida es solo esto. El aquí y el ahora. No la dejes escapar. (Autor desconocido ¿?).

La búsqueda del bienestar, de la felicidad es una prioridad filosófica de los seres humanos o cuando menos tratamos de alcanzarla e incluso el buen morir y no ver la muerte como un absurdo, como menciona esto último, el escritor Albert Camus. Si esto, lo logramos, podemos estar EN PAZ, y decir junto con el célebre poeta de Tepic, Nayarit; Amado Nervo: (fragmento) “… Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida/, porque nunca me diste ni esperanza fallida, / ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino/, que yo fui el arquitecto de mi propio destino; …

“Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

A todos mis lectores, (“chin...co”), en unión de sus seres queridos, les deseo Feliz Navidad y Próspero 2018 y en todos los años por venir. Les abrazo.

#PARACAMBIARYOMEINCLUYO.Dr. Campa

raulhcampag@hotmail.com

 
 

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